ARTEMISIA GENTILESCHI: EL FEMINISMO MÁS ANTIGUO

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La lucha por la igualdad de derechos y oportunidades para las mujeres es tan antigua como la historia misma de la humanidad. Es (y siempre ha sido) difícil que una mujer obtenga el protagonismo que merece debido a su talento dentro de cualquiera de las áreas en que se desarrolle. Artemisia Lomi Gentileschi fue una pintora barroca italiana representante del caravagismo (corriente pictórica inspirada en la obra de Caravaggio que es también llamada tenebrista por el uso de luz y de oscuridad). La artista es una de las contradicciones históricas más resaltantes dentro de la trayectoria del feminismo; pues su vida ha trascendido más que su gran talento reflejado en su gran cantidad de obras.

Artemisia fue la mayor y la más talentosa de los cuatro hijos del pintor tozcano Orazio Gentileschi. Aprendió de su padre, uno de los grandes exponentes de la escuela romana de Caravaggio, las técnicas del dibujo, naturalismo y dinamismo. Continuó bajo sus enseñanzas hasta la edad de 19 años que, debido a que la admisión a la academia Bellas Artes estaba restringida a los hombres, su padre contrató a Agostino Tassi como su profesor privado. Es durante una de sus clases privadas, en mayo de 1611, que Agostino viola a Artemisia; hecho que finalmente minó más la reputación de ella que de él. Una promesa de matrimonio falsa y un juicio del cual se conserva documentación exhaustiva después, ella se casó con un pintor florentino en un matrimonio arreglado por su padre en afán de recuperar la dignidad perdida ante la sociedad.

Uno de los aspectos más importantes que ha colocado la imagen como representante del feminismo es la forma en como transmitió en sus figuras femeninas emociones que no se estaba acostumbrado pues rompían la idea de delicadeza e inocencia que supuestamente correspondían a la mujer. Ella adopta una perspectiva nueva: la de una mujer. Una de sus obras y más importantes que hasta hace poco era atribuida a su padre es el óleo Judith y los viejos que representa la escena del cuento bíblico en el que dos ancianos, tras encontrar a Judith bañándose desnuda, amenazan con acusarla de adulterio si no se acuesta con ellos.

Los exámenes de rayos X realizados al lienzo (imagen de la derecha) muestran que incluso su primera aproximación al trabajo fue demasiado cruda para la época. Tal vez por consejo de su padre, Artemisia cambia el terror y dolor del rostro de la joven y el trabajo final termina mostrando a Judith notoriamente rechazándolos con disgusto.

Artemisia plasmó en sus lienzos a las mujeres en distintas facetas: fuertes y sufridas, heroínas y víctimas, guerreras y doncellas, personajes femeninos procedentes tanto de la Biblia como de la mitología. Así demostró que le femineidad es vivida de manera distinta por cada mujer y vas más allá que la delicadeza casi insensible previamente pintada, inclusive por el mismo Caravaggio. Su figura, aunque desapareció poco a poco después de su muerte, es una evidencia de que la contienda del feminismo es transversal en la historia y no una mera aparición moderna.

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