¿Cómo saber si decirle lo que siento?

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Y es que la vida tiene mucho que ver con la asunción de riesgos. Es una variable que, en definitiva, está presente en cada decisión que las personas toman en sus día a día. Los riesgos se pueden ver reflejados en decisiones tales como el momento en el que una empresa contrata a un trabajador sin conocer su nivel de productividad; cuando una persona compra un carro de “segunda mano” y hasta algo tan común como lo es el declararte a una chica que te guste.

La mayor parte de población sufre al acercarse a desconocidos, más aún si los ve como víctimas potenciales de su cortejo. Es enorme el miedo al rechazo y de algún modo los agentes se plantean situaciones, así como una lotería en la que el “premio” sería obtener la atención de la otra persona y en la que el “castigo” más o menos probable sería recibir un rechazo. Está claro pues que, en este juego, la variable en la que se paga (o cobra) a los jugadores no es otra que la autoestima.

En línea con lo anterior, el tipo de elección al que se somete nuestro “héroe” es la que los economistas conocemos como elección bajo condiciones de incertidumbre, modelizada por Von Neumann Morgenstern en el famoso libro en el que enunciaron por primera vez la Teoría de Juegos.¹

El modelo

En este modelo los individuos asignan probabilidades a las posibles respuestas que pueden encontrar en la persona a la que se presentan. Para simplificar diremos que puede encontrar dos respuestas únicamente: atención o rechazo y que de algún modo conoce también cuanto le puede doler o alegrar una u otra alternativa o incluso mejor, cómo aumentaría su ego a medida que obtiene atención e interés de la otra parte.

A partir de estos datos podríamos trazar una función de “satisfacción (utilidad) esperada” y jugar con ella. Esta satisfacción esperada sería igual a la suma de los niveles de satisfacción del individuo (lo que los economistas llamamos función de Utilidad, siendo en la función ?1 y ?2) con respecto a cada uno de los posibles escenarios (atención o rechazo), multiplicados por la probabilidad (?) de que ocurra.

?? = ?(??) + (? − ?)(??)

Por ejemplo, imaginemos que se trata de un individuo que si obtiene la atención de la chica (1/3 de probabilidades que ocurra) sumará 100 puntos a su índice de autoestima y si no, perderá otros cien. La utilidad esperada de declararse a la chica de sus sueños estaría representada matemáticamente por:

?? = ?/? (??????????ó? ???????? ??? ????? ??? ?????? ?? ??????????) + ?/? (????? ???????? ??? ?????? ??? ?????? ?? ??????????)

De esta manera, es posible calcular el “valor esperado”, que no es otra cosa que el nivel de satisfacción que obtendría nuestro individuo en cuestión tras declararse a su chica soñada. Asimismo, el valor esperado es la esperanza matemática de declararse en términos de autoestima.

?? = ?/?(+???) + ?/?(−???) = −??. ????

Ahora representemos los resultados y las utilidades en ejes. En el de abscisas representaremos su autoestima y los posibles resultados (ganar o perder 100 puntos) En el de ordenadas cómo queda su indice general de satisfacción (utilidad) tras cada uno de los posibles escenarios (aceptación o rechazo).

Gráfico 1: Función de Utilidad Esperada (aversión al riesgo)²

Ahora uniremos ambos puntos con un segmento y proyectaremos el valor esperado (es decir -33) con lo que obtendremos la autoestima esperada de presentarse.

Gráfico 2: Elección con riesgo y Valor Esperado

Al hacer esto hemos obtenido un nuevo punto de la función de utilidad, si lo proyectamos sobre el eje de abscisas obtenemos un nuevo valor en unidades, se trata del “equivalente cierto”, esto es, la cantidad de autoestima que el jugador estaría dispuesto a perder con tal de no tener que declararse.

Gráfico 3: Elección con riesgo y Equivalente Cierto

¿Qué quiere decir esto? Si la mayor parte de la población es como parece, aversa al riesgo, es decir tímida en mayor o menor medida, la curva de Utilidad será cóncava en casi todos los casos. Esto es lo que hace que el equivalente cierto sea menor que el valor esperado; en otras palabras, que el individuo esté dispuesto a tragarse más autoestima del que puede esperar perder al declararse (no intentar nada), con tal de no pasar una depresión.

Esto parece ser una explicación a situaciones que las personas afrontan normalmente en sus día a día:

• La mayor parte de relaciones surgen a partir de la presentación de un tercero (seguramente porque en la mayor parte de las ocasiones optemos bien por tragarnos el orgullo y pedir que nos presente un amigo común, ya que directamente ni lo intentamos).

• Buena parte de nuestra vida social con desconocidos se produce en el marco de una “celebración con anfitrión” (en la que alguien acaba presentando a todos) ligada al consumo de productos que afectan a nuestra percepción del riesgo (alcoholes y otros psicotrópicos).

De este último modo, los individuos podrían estar intentando modificar su propia curva de Utilidad. Si la curva fuera convexa, ocurriría lo contrario, y el equivalente cierto estaría a la derecha en el eje de abscisas del valor esperado, es decir se arriesgarían a las calabazas y los desaires con más probabilidad de la que estadísticamente cabría esperar. Ese tipo de comportamientos se llama preferencia por el riesgo en términos económicos y en nuestro caso posiblemente “ser desenvuelto” o “extrovertido”.

Finalmente, si consiguieran que su función de utilidad fuera una recta, coincidirían valor esperado y equivalente cierto y tendríamos un caso de “neutralidad ante el riesgo”, es decir, sería igual ser rechazado o aceptado.

¹ Von Neumann, J., & Morgenstern, O. (1944). Theory of games and economic behavior, Princeton Univ. Press, Princeton.

² Se considera averso al riesgo a una persona que le teme a asumir riesgos; por ello, su función de utilidad tiene una forma cóncava. En cuanto a las otras opciones, una persona puede ser amante al riesgo (ser “mandado”) o también neutral al riesgo (no le importa ser rechazado o aceptado