Desde un hospital en 10 días en China, hasta un hospital sin final en Perú

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La rápida expansión del coronavirus en Oriente Medio afectó principalmente a China, donde se registraron más de mil muertes y se reportan diariamente cientos de nuevos casos, los cuales aumentan con mayor velocidad a manera que se establece nuevos criterios para clasificar a las infectados. Esta situación obligó a tomar medidas tanto de prevención, así como de atención a los pacientes confirmados y posibles contrayentes. Una de las respuestas más admirables del gigante asiático fue la construcción del Hospital de Huoshenshan en la ciudad china de Wuhan, en tan solo 10 días.

Dicho hospital de dos niveles cuenta con una extensión de 25 mil metros cuadrados con una capacidad inicial de mil camas y la atención por parte de 1 400 médicos, con lo que se espera reducir la carga de otros centros médicos en Wuhan. Se asignó un presupuesto de 300 millones de yuanes (43 millones de dólares) para su construcción, que inició el 23 de enero y empezó a atender a sus primeros pacientes el 3 de febrero, ante la mirada atónita del mundo entero por tal capacidad de respuesta con el gran desplazamiento de maquinaria y tecnología, observado en las transmisiones en vivo.

Esta eficiente respuesta se dio mediante el sistema de construcción norteamericano de hospitales de campaña, es decir, estructuras metálicas prefabricadas unidas por tornillos. Para ello, 7 500 obreros y expertos en sanidad trabajaron en largas jornadas, centrando sus esfuerzos en aislar las posibilidades de contagio. En ese sentido, fue indispensable una correcta zonificación de los pacientes, para lo cual se utilizó como referencia el diseño de los sistemas aislados en África, durante la aparición del ébola en el 2014.

De esa manera se dio otro “milagro asiático”, tal como durante la aparición del SARS en Beijing, con la construcción de un hospital en 7 días, o la reconstrucción de las ciudades afectadas por el tsunami en Japón. A estos hechos son atribuidas algunas razones tales como la alta tecnología disponible, la forma de planificación o la amplia mano de obra disponible. Lo cierto es que para países como el Perú donde la construcción de un hospital puede durar más de 10 años, resulta utópico imaginar algo similar.

Los hechos evidencian lo ineficiente del sistema de construcción de la infraestructura del sector salud, donde un centro médico puede tener fecha de inicio pero no de final, como en el caso del Nuevo Hospital de Andahuaylas (2010) o el Materno Infantil de Juliaca (2011). De igual manera, la reconstrucción del norte, ante la presencia del Niño (2017), o el terremoto de Pisco (2007) nos dejan con el deseo de una reacción más efectiva a corto y largo plazo ante hechos de los que, a diferencia del coronavirus, se tiene un conocimiento amplio sobre prevención, consecuencias y alternativas de solución.

Finalmente, considerando la demanda por mejorar las paupérrimas condiciones en las que muchos peruanos son atendidos, aun cuando la realidad nacional no nos permite anhelar la eficiencia de la respuesta china, es necesario reflexionar sobre nuevas formas de planificar y ejecutar las obras del sector salud como una prioridad que garantizará el bienestar de todos los peruanos.

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