EL SIMBOLISMO DETRÁS DE MEDUSA

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Hermosa víctima, villana monstruosa, poderosa deidad: ella es todas esas cosas y más.

La figura griega de Medusa es bastamente conocida, incluso si no podemos recordar los detalles de su mito. La imagen que llega a la mente de la gente rápidamente incluye serpientes, ojos mortales y un gusto por la destrucción, imágenes que van desde una femme fatale y una horrible cabeza decapitada que arroja sangre.

En el mundo antiguo, los primeros jarrones y esculturas la representan como si hubiera nacido una Gorgona, pero eso cambió lentamente. Según Ovidio, un poeta del siglo 8 DC, Medusa fue una vez una joven y bella doncella, la única mortal de tres hermanas conocidas como las Gorgonas. Su belleza llamó la atención del dios del mar Poseidón, quien procedió a violarla en el templo sagrado de Atenea. Furiosa por la profanación de su templo, Atenea transformó a Medusa en un monstruo con la capacidad mortal de convertir en piedra a quien mirara su rostro.

La cuestión es que, a partir de este momento, esta historia tomaría caminos muy diferentes y, por lo tanto, cambiaría la forma en que la vemos.

Los recuentos populares del mito, sin embargo, se centran en lo que sucede después. Perseo enviado por Polidectes, el rey de Serifos, en una búsqueda para traer de vuelta la cabeza de Medusa. Usando un escudo de bronce reflectante para proteger sus ojos, la decapita. Después de usar la mirada petrificadora para derrotar a sus enemigos en la batalla, Perseo le da la cabeza a Atenea, quien la muestra en su escudo. Es a través de esta narrativa de héroe centrada en el hombre que Medusa se convirtió en la abreviatura de monstruosidad.

Mientras tanto, los románticos como Percy Bysshe Shelley escribió un homenaje, deshaciendo el marco patriarcal que había convertido a Medusa en un símbolo de horror. Una vez que nos libramos de la mirada masculina podemos recuperar la “gracia” y el ” resplandor “de Medusa, volviéndola humana una vez más.

Shelley no fue la única que pensó que Medusa era malentendida. En su manifiesto de 1975, la teórica feminista Hélène Cixous afirma que el hombre creó el monstruoso legado de Medusa por miedo al deseo femenino. Si se atrevían a “mirar la Medusa de frente”, verían que “no es mortal, es hermosa y se está riendo”. Al documentar sus experiencias las mujeres pueden deconstruir los prejuicios sexistas que retratan el cuerpo femenino como amenaza. Después de siglos de silencio, las conversaciones sobre la cultura de la violación comenzaron a restaurar la voz de Medusa.

Es fácil ver por qué el manifiesto de Cixous resonó por todas partes. ¿La historia de una mujer poderosa violada, demonizada y luego asesinada por una sociedad patriarcal? Parece menos un mito antiguo que una realidad moderna.

Medusa es, en cierto sentido, un sitio para nuestras proyecciones colectivas de miedo y deseo: simultáneamente un símbolo de la ira de las mujeres y una figura sexualizada por las fuerzas patriarcales contra las que busca venganza.