Indignación

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Este artículo se escribe en un momento de incertidumbre, en momentos en el que en el Perú nos urge un cambio. Las redes sociales se llenan de indignación, de dolor, de un sentimiento de lucha que no van a callar. Mi solidaridad con todos los afectados.

Escribe: Bertha Mendoza

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El lunes 9 de noviembre del 2020 se desencadenó lo que ahora resulta un escenario que está bajo la mirada internacional. La vacancia presidencial se dio contra todo pronóstico. Martín Vizcarra se retiró del cargo y asumió la presidencia Manuel Merino. Miles de peruanos, indignados por los motivos que condujeron al Congreso de la República a destituir al mandatario, decidieron ejercer su derecho a protestar. Un congresista por Tumbes, elegido con poco más de 5 mil votos, es nombrado Presidente de la República. El mismo, decidió ocultarse de un pueblo que exige explicaciones, que reclama que no se reparta la patria a causa de intereses a beneficio propio. Consecuencia: miles de voces peruanas se elevaron para exclamar su indignación.

Los peruanos protestamos, dentro y fuera de nuestras casas. Protestamos con un cartel o desde las redes; protestamos desde que nos oponemos a un gobierno oportunista, carente de valores y principios, de empatía y consideración por sus hermanos peruanos. Ejercimos nuestro derecho a la libre expresión, a manifestarnos en contra de la corrupción y destrucción del país que nos vio nacer o que, en algunos casos, nos acogió. Sin embargo, aún algunos se preguntan: ¿por qué marcho?, ¿marcho en defensa de Martín Vizcarra?, ¿marcho porque está de moda o porque mi amigo o amiga me invitó?

Los peruanos están marchando en rechazo a los intereses personales de personajes que destruyen a un país y a su nación, se marcha en oposición a un sistema político involutivo desde ya hace varios años. Se busca la restitución de la democracia, del respeto a los ciudadanos, del orden público y de grupos cuyo propósito y labor en su ejercicio sea el de representarnos. El pueblo peruano no marcha a favor de un ya expresidente investigado por presuntos delitos de corrupción. La razón por la que se protesta es para exigir que se respete a nuestro país y su gente, para evitar que se aprueben leyes que obedezcan a favores principalmente monetarios.

Nada se aprendió del Baguazo. En aquel entonces, las protestas pacíficas en las carreteras de nuestra selva obedecían a un reclamo proveniente de la indignación de los pueblos que exigían que se respete lo que para ellos es el entorno en el que viven, lo que para todos es parte de nuestro hogar. En aquel entonces y ahora, la policía reprime las manifestaciones con violencia desmesurada, y en ambos casos, el Perú lamenta el deceso de los peruanos que defendían sus ideales. Se hace una mención en memoria de Bryan Pintado e Inti Sotelo, lamentamos su partida y nuestra solidaridad está con sus familias. Desaparecidos y heridos son reportados cada minuto; reporteros, bomberos y rescatistas no son ajenos a estos ataques. Las bombas lacrimógenas y perdigones se encuentran a lo largo de las calles del Centro de Lima, donde se vive nuestro nuevo Baguazo. Manuel Merino se esconde y el Premier Ántero Flores-Aráoz manifiesta que no comprende la razón de las protestas. De los ministros recién nombrados, trece anuncian su renuncia. Cada vez más, Merino se va quedando solo: el pueblo no lo respalda y su gabinete va desertando.

La prensa fuimos todos, todos excepto la prensa. Se empezó la semana con la vacancia y con reportajes y enlaces televisivos en los que, al principio, se vandalizaba la imagen de los protestantes. Primaban las notas periodísticas en las que la narrativa era que los policías hacían retroceder a los manifestantes “de la mejor manera”, mientras las imágenes mostraban los golpes que propiciaban. Un cajero automático fue de las primeras víctimas con las que los noticieros se solidarizaron, pero se volteaba la cámara cuando un peruano era herido. La prensa fuimos todos, porque en redes sociales la difusión no paró. Cientos de videos circularon hasta altas horas de la madrugada, mostrando la cantidad de heridos que eran atendidos. La prensa reaccionó y se nos unió. En un inicio, repitieron el mismo papel que desempeñaron en el Baguazo; luego, compartieron la realidad que se vive en las calles. De cajeros automáticos, pasamos a personas protagonizando los titulares. Aun así, nada se aprendió, se repitió la historia.

Se dijo que protestar no tendría resultados, que era una forma de liberar el estrés que teníamos acumulado durante toda la pandemia, se presumió que era una excusa para originar caos en las ciudades. El 16 de noviembre, al mediodía, Manuel Merino presentó su renuncia. Un grito de júbilo junto a cacerolazos se escuchó por diversas calles del Perú. Se celebraba un logro, mas no la victoria. El Congreso que en un inicio apoyó a Merino es el mismo que le exigía su renuncia. No obstante, ese mismo Congreso, al momento en el que se redacta este artículo, aún no decide quién tomará las riendas del país. Lo que no saben es que las riendas no las tiene ni tendrá una figura a la que designen como mandatario o mandataria: las riendas las tenemos todos.

Por último, no olvidemos también que no todo es negro o blanco. No todos los policías cometen abusos, algunos incluso se ven obligados a ser partícipes de actos que los ayudan a conservan ese trabajo que les permite sostener sus hogares. Su familia también siente el temor de no recibirlos con vida. No dudo de que alguno de los que lea esta nota vive lo que relato. Las protestas no siempre cuentan con agentes pacíficos; movimientos subversivos también se inmiscuyen y quieren aprovechar la situación para, y una vez más lo menciono, satisfacer enteramente sus intereses personales. Las redes se han vuelto el medio por el que conseguimos información con celeridad, pero no todo lo que leemos o vemos es cierto. Debemos verificar la fuente y contrastarla con otros medios.

Mi patria se tiñe de sangre, sus calles no silencian. Indignación y dolor: la manera más breve de resumir nuestro sentir. Recibimos el Bicentenario de nuestra Independencia tal como hace 200 años la vivimos: luchando por recobrar una patria que es nuestra, por hacer cumplir nuestros derechos y reclamos, por hacernos respetar. Mantengo la fe en que, tal como en aquel entonces, se logrará el triunfo de una nación que decidió unirse en búsqueda del bienestar de todos.

No olvidemos cuál es nuestra labor: educarnos para educar a otros, alentar a otros a usar su voz, usar nuestra voz por aquellos que aún no la tienen.

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