La Amenaza Invisible: Cómo arreglar el sistema electoral de EE.UU

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Ahora que las elecciones norteamericanas están en los ojos del mundo una vez más, es buen momento para llamar la atención a una falla en sus sistema que podría amenazar la salud de su democracia.


Probablemente las elecciones estadounidenses sean el proceso electoral más importante del mundo. El resultado tiene severas repercusiones en la economía y la política de la mayoría de los países del mundo, si no son todos. Sin embargo, en estos últimos años el mundo ha observado con preocupación el estado de la democracia norteamericana debido a los altos niveles de polarización, violencia e inestabilidad que ha presentado. Los factores que influencian este declive político de los Estados Unidos son innumerables, pero uno de los más importantes puede residir en la manera en la que eligen candidatos.

Estados Unidos utiliza el método first-pass-the-post que, de manera simple, significa que el candidato con mayor porcentaje de votos se lleva lo que sea que esté en juego (sean votos del colegio electoral, el puesto de gobernador de un estado o un sitio en el congreso). Esto está en contraste con sistemas de representación proporcional (como los que tenemos para el congreso peruano) donde la ganancia de la elección se reparte entre los partidos con mayor votación. Regresando al ejemplo peruano, podemos pensar en los curules congresales de Lima: no van todos al partido que consiga el mayor porcentaje de votos, sino se reparte entre los primeros tres o cuatro partidos en porcentaje de votos.

¿Cuál es la consecuencia del método estadounidense? Como es una cuestión de “todo o nada”, el llamado “voto estratégico” es rey. En las elecciones primarias de cada partido (donde eligen al único candidato que representará al partido en la próxima elección), los votantes que tiene opiniones minoritarias se enfrentan a un dilema: votar por su primera opción y correr el riesgo de que gane un candidato con opiniones totalmente distintas, o votar por un candidato con opiniones parecidas y mejores probabilidades de ganar. Este voto calculado termina usualmente por elegir un candidato de consenso, pero que solo fue primera opción de una fracción de los votantes.

Otra observación importante es que este sistema de first-past-the-post también fomenta que existan solo dos partidos, como lo explica la conocida Ley de Duverger. Los votantes tienden a no preferir votar por un tercer partido a pesar de que estén de acuerdo con lo que proponen, ya que corren el riesgo de dividir el voto de su partido y darle la victoria al partido opuesto. Votantes de la izquierda prefieren no votar por un tercer partido a pesar de estar de acuerdo con este, ya que podrían quitarle votos a los Demócratas (el “mal menor” para ellos) y darle la victoria a los Republicanos (peor resultado posible para ellos). Por estas razones es que podemos ver personajes tan distintos como Bernie Sanders y Joe Biden siendo parte de un mismo partido.

Estas dos situaciones se combinan con otros factores, como el sistema del Colegio Electoral, que aísla a votantes que se encuentran en un estado que apoya mayoritariamente al otro partido, y el “gerrymandering”, manipulación en la forma de distritos electorales con la intención de que tengan una mayoría de votantes de un partido en específico. El resultado: solo una minoría de votantes que pueden votar por el candidato que más prefieren y un gran porcentaje de votantes tienen todos los incentivos para optar por la apatía, la violencia o la radicalización al no sentirse escuchados. Será crucial para el futuro de la democracia estadounidense que puedan ser capaces de modificar estos sistemas imperfectos y optar por otros que permitan una verdadera representatividad.

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