Los mandiles rosados y otros elementos que vulneran la masculinidad

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Quien no haya oído de los infames mandiles rosados en la última semana ciertamente ha estado desconectado del contexto local. La campaña del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables dividió la opinión pública. Por un lado, están quienes apoyan la campaña y destacan la participación del ejército en materia de igualdad de género. Por otro lado, están los críticos, que denuncian la vulneración del uniforme militar y/o el uso de un delantal rosado como elemento representante de la mujer.

Aquí, más allá de tratar las consecuencias e implicancias de aquella campaña en particular, es oportuno discutir por qué elementos tradicionalmente femeninos parecen denigrar o ridiculizar a un hombre. Esto está ampliamente relacionado con el término “masculinidad tóxica”, recientemente tratada en medios masivos como el diario The New York Times, la revista Time o la cadena CNN. ¿La premisa? La ideología de masculinidad tradicional afecta seriamente la vida de los hombres al no permitirles mostrar vulnerabilidad emocional o disfrutar de actividades tradicionalmente femeninas y, a la vez, permite la existencia de desigualdad entre hombres y mujeres.

Su presencia en nuestro país es más que clara. Los elementos tradicionalmente femeninos se usan para ridiculizar a los hombres, en especial en la comedia. Ejemplo de aquello son los programas cómicos de televisión abierta. El uso de vestidos, maquillaje, accesorios y otros artículos femeninos por actores son usados como un recurso para generar la “burla” del público. La mayoría de sketchs, sino todos, incluyen la caracterización de personajes femeninos por hombres. Esto no aplica en el caso contrario, pues no se observan mujeres vestidas de hombre con objetivos cómicos. Lo masculino no degrada, empodera. En la moda, utilizar estilos masculinos (tales como “tomboy”) es aceptado en su totalidad. El uso del trajes, corbatas y fedoras por mujeres ha marcado tendencias en diversos diseñadores. Prueba de aquello es el artículo de Gestión del 2012 llamado “¿Sastre para mujer?”, donde se exponía la tendencia a estos trajes en marcas como Calvin Klein y Ralph Lauren.

Similarmente, las labores “de hombres” realizadas por mujeres son admiradas y aplaudidas, siendo sinónimo de fortaleza y coraje. Este es el caso de labores como la albañilería, la conducción de autos (Véase “Las mujeres al volante” del Diario el Correo) y otros. Mientras tanto, las labores “de mujeres” son consideradas inferiores y signo de debilidad. En redes sociales es usual ver videos de hombres realizando labores del hogar mofados por otros hombres. Una simple búsqueda en Google de las palabras “Hombre pisado” resultan en fotos de hombres lavando platos o ropa. Cabe destacar que sí existen comentarios positivos en estos videos por hombres y mujeres, aunque en su mayoría son de estas últimas.

Pero ¿Es prioridad atacar estas concepciones en el Perú? Sí. En el 2017, una encuesta a personas que trabajaban fuera del hogar reveló que, en promedio, las mujeres realizaban a la semana 7 horas más de trabajo en el hogar que los hombres. Además, 55% de hombres indicó que pocas veces o nunca cocinaba para su familia y 28% que pocas veces o nunca se ocupaba del orden y limpieza del hogar. En mujeres, las cifras fueron 22% y 14% respectivamente. (Global Home Index, 2017). Estas diferencias en la repartición de labores probablemente resultan en el estancamiento profesional de las mujeres al no poder trabajar más horas cuando es necesario, ser menos productivas por la fatiga, entre otras. Cabe señalar que 95% de participantes indicó tener estudios universitarios o post-grado.

Parte del desagrado a la campaña de los mandiles rosados probablemente proviene de este efecto ridiculizador que se cree que los elementos femeninos poseen. Incluso, en este caso particular, tan solo es el color que inmediatamente se asocia con burla. El argumento del código de vestimenta se desintegra fácilmente al conocer que no es la primera vez que los militares usaban mandiles sobre su uniforme (Concurso Anual Tanta Wawas, distribución del Pan Bicentenario, campaña contra de la anemia) ni muchos menos prendas o accesorios externos (camiseta de la selección, gorros navideños, etc.)

¿Llegará el momento en el cual lo tradicionalmente femenino no sea visto de manera negativa cuando no es una mujer quien lo disfrute? Ciertamente, poco a poco la rígida barrera entre femenino y masculino se ha ido destruyendo con la proliferación de prendas unisex o inclusión de prendas y accesorios femeninos como faldas y bolsos en la moda masculina. Incluso el uso de maquillaje va abriéndose paso en el público masculino. Esperemos que estos esfuerzos, incluyendo el de los mandiles, no sean truncados por creencias que solo refuerzan estereotipos innecesarios.