Parasite: otro problema oculto del capitalismo

0
833

Si pensamos en cine, lo más probable es que pensemos en el enorme monstruo que es Hollywood y sus miles de películas. Esto poco a poco ha ido cambiando con la popularización del cine independiente y el auge del cine de otros países debido a cineastas renombrados que lograron causar un gran impacto, pese al “monopolio” que tiene Hollywood sobre el mundo occidental, actualmente.

Es en este contexto, que muchas películas asiáticas han ido cobrando algo de protagonismo debido a sus magistrales coreografías de batallas de artes marciales, entre ellas: Ip man, Kill zone o Flash point. Sin embargo, los cineastas orientales han llevado sus creaciones mucho más allá desde hace algunos años. Parasite es una película que demuestra perfectamente este punto, ya que, no solo es una obra maestra por los diferentes colores que se usan para cada escena de la película, los planos de la cámara para realzar algunos simbolismos, el guion perfectamente verosímil y sobresalientes actuaciones, sino también por toda la carga de ideas y crítica que tiene este largometraje a la sociedad coreana de hoy en día.

Si has visto la película o leído alguno de los cientos de artículos, que se han publicado hasta la fecha, seguro estarás muy al tanto de que uno de los temas principales de la película, o quizá el principal, es el conflicto de clases sociales que se hace cuanto menos evidente en toda la historia entre la familia Park y la familia Kim. Lo que, tal vez, no sea tan evidente es otro tópico importante, también relacionados con el capitalismo y el problema de clases socioeconómicas, que es la enorme y muy infravalorada conexión entre los problemas mentales y un sistema de clases sumamente rígido e inmutable.

Corea del Sur tiene una de las tasas de suicido más alta del mundo; en efecto, es la primera causa de muerte entre los jóvenes de dicho país. Este dato tan abrumador es suficiente para despertar, en cualquiera, un deseo de saber a que se debe que haya tantas personas quitándose la vida en un país donde el capitalismo se ha desarrollado, aparentemente, tan rápida e increíblemente. Corea es un país en el cual la salud pública está, prácticamente, garantizada para todos y las mejores universidades son nacionales, por lo que se supone que ingresar en ellas solo puede ser garantizado por el intelecto y esfuerzo que tenga un postulante.

Sin embargo, esta aparente maravilla del capitalismo conlleva otro problema que es la sobrecualificación del trabajador para un puesto determinado. Corea, mediante su prodigioso sistema educativo, produce jóvenes sumamente inteligentes y capaces para cualquier trabajo que pueda demandar el mercado, pero el dilema es que son muchos y la demanda es poca para cargos a los que la mayoría aspira. Al final terminan con un título que no sirve de mucho o nada, una realidad que también puede ser vista en España o en nuestro propio país, y con un trabajo precario e insuficiente.

Esta realidad genera principalmente, en cualquier ciudadano coreano, frustración, la cual es la principal causa de depresión. Esta frustración no solo se debe a tener un trabajo para el cual la persona en cuestión esta sobrecalificada sino también al hecho de que no podrás moverte de clase social hagas lo que hagas. Esta idea se manifiesta en varias escenas de la película con el tema del olor de la familia Kim. En la escena en la que la familia, antes mencionada, está oculta debajo de una mesa ocultándose de la señora y el señor Park, este último, percibe, el tantas veces mencionado, “olor a rabanito viejo” que venia del padre de la familia pobre, Ki-taek.

Lo importante de esta escena es que ese olor de alguna manera lo persigue, ya que, a pesar de haber estado gozando de todos los lujos de la casa, de igual forma no se le quito ese aroma que es producto del lugar donde viven o, de manera más abstracta y simbólica, de su origen. Esta idea se refuerza de manera explicita cuando Ki-woo le comenta a Da-hye que no encaja en ese mundo de personas con mucho dinero, mientras observaba por la ventana la fiesta de cumpleaños de Da-Song. Y, finalmente, en la última escena en la que Ki-woo le promete a su padre que comprara la casa para que pueda ser libre; una promesa que no se llega a cumplir por lo imposible que esta supone ser en la realidad coreana.

No solo hay diferencias en los tipos de problemas mentales que tiene cada clase social sino también en como son abordados. Mientras la familia Park trataba la supuesta esquizofrenia de su hijo menor de la manera más ridícula posible (con sesiones de arteterapia incomprensiblemente caras), el esposo de la ama de llaves original no era consciente de que tenia problemas mentales que se manifestaban en su adoración absoluta al señor Park. En el caso de la familia Kim, este tópico se expone con mayor fuerza cuando, al final de la película, el señor Kim en vez de atacar al agresor de su hija, ataca al señor Park en un acto que evidencia un actuar en estado de locura, liberando todo el resentimiento e impotencia que fue almacenando a lo largo de los días de servicio de la acaudalada familia. Lo importante que hay que recalcar no es tanto el ataque al señor Park sino como ignoro a su propia hija apuñalada y a su agresor.

Por último, pero no menos interesante, es la competencia enferma que puede llegar a producir el capitalismo por conseguir un trabajo con un sueldo decente. La familia Kim no tuvo reparos ni remordimiento en dejar en la calle a todos los empleados del hogar de la familia Park. Únicamente en dos ocasiones se preguntaron por la situación de las personas que hicieron que despidieran (una vez para el chofer y otra para la anterior ama de llaves) y la respuesta, que ellos mismos se dieron, fue totalmente desvergonzada y desinteresada sobre la situación de dichas personas.

La obra de Bong Joon-ho no puede quedarse únicamente en la reflexión acerca del conflicto de clases y como de alguna forma todas las familias mostrada en la película son parásitos, sino también en que esa super potencia maravillosa, llamada Corea del Sur, producto del aun más maravilloso capitalismo, acaba dejando afuera a muchas personas de la sociedad o dándole muchas herramientas para mejorar su situación, pero que al final también es el mismo sistema el que deja obsoletas todas esas herramienta, y por esa razón es que sus habitantes terminan convirtiéndose en frustrados parásitos.