Presos de la desigualdad

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¿Qué pasa cuando terribles escenas de desigualdad traspasan la pantalla? Las películas son prueba de ello. Muchas veces contienen historias ficticias, pero es más impactante cuando son un reflejo preciso de la realidad, una donde somos presos de la desigualdad en todos sus tipos.

Escribe: Nicole Poma


Hace poco vi la película I’m Daniel Blake, la verdad es que no tenía muchas expectativas al respecto pero la fiel manera en cómo retrata lo que podría ser la vida de un peruano promedio me llamó la atención. Esta es la historia de Daniel, un carpintero inglés de unos 60 años aproximadamente, que sufre de problemas cardíacos los cuales le impiden continuar trabajando. Por ello, para poder llevar una vida “normal”, decide acogerse al subsidio por incapacidad laboral que otorga el Estado. Para poder solicitarla se enfrenta a constantes trabas burocráticas, el llenado de formularios por línea en una web que se cuelga a cada instante y llamadas de más de una hora esperando que respondan por su caso. En su trágica travesía conoce a una madre soltera, Katie, quien tampoco cuenta con trabajo y los recursos necesarios para subsistir junto a sus dos hijos, y termina viviendo en una casa que se cae a pedazos. Estas y otras dificultades por las que pasan las hemos visto muchas veces en la televisión, no con actores, sino con peruanos que tienen que pasar días para conseguir una cita en el seguro médico o simplemente, comida.  

Es así como podemos notar que el Estado peruano no brinda las condiciones suficientes para reducir la desigualdad; por lo tanto, seguimos siendo presos de esta. Primero, el Estado ha fallado en brindar los  requisitos mínimos o paquete básico de recursos para que las personas se puedan desarrollar plenamente. Estamos hablando de salud, educación y servicios básicos. Tanto en la película como en la vida real, existen ciudadanos que no pueden tomar decisiones respecto a su vida. Por ejemplo, Daniel, quien en su vejez no puede decidir llevar una vida tranquila en la cual pueda disfrutar de su pensión. Sumado a ello, están las trabas burocráticas, desde el llenado de un formulario cuando se sabe perfectamente que un hombre mayor no puede hacerlo, hasta la negación y apelación al subsidio. Lo mismo ocurre con Katie, cuyo hogar no cuenta con servicios básicos e incluso, no cuenta con dinero suficiente como para comprarse toallas higiénicas. 

En el Perú, un ejemplo claro de esto es el sistema de salud. En el 2019, antes de la pandemia, el tiempo promedio desde que solicitaba una cita hasta obtenerla era de 60.39 horas (Garcia, 2019). Tras la pandemia y la suspensión de ciertos servicios, las citas se han tenido que reprogramar pero incluso muchas de ellas aún no cuentan con una fecha. ¿Por qué? Porque muchos doctores no quieren volver al hospital alegando tener comorbilidades, pero atienden en clínicas (OjoPublico, 2021).

Como segundo punto que acrecienta estas desigualdades está el desconocimiento de las necesidades de la población. En la película, no se reconocen las necesidades de Daniel que podrían ser cubiertas con el subsidio, y de hecho, al igual que él existieron otros que pasaron por lo mismo y terminaron viviendo en las calles. Lo mismo sucede en la sociedad peruana, en una entrevista en el 2016 a Carolina Trivelli, ex ministra del MIDIS, menciona la falta de reconocimiento de los peruanos que viven en zonas recónditas de la sierra o selva. Muchos de ellos no cuentan con servicios básicos e incluso, muchos adultos mayores no contaban con DNI antes del programa Pensión 65 (Trivelli, 2016). Por lo tanto, su existencia es nula para el Estado, al igual que sus necesidades.

Es así que pese a la cantidad de esfuerzos mediante programas sociales, el Estado no ha logrado reducir por completo estas desigualdades. Primero, porque no se brindan los requisitos mínimos, esto por el pésimo servicio que dan las instituciones estatales.  Y segundo, se desconoce la existencia de todos los ciudadanos y, por ende, no se puede asegurar cumplir con sus deberes y los derechos de estos para con estos. El punto de partida no es el mismo para todos, hay gente que puede acceder a salud y a servicios de calidad, pero otros no pueden soñar con esto. Seguimos siendo presos de la desigualdad.

 

Bibliografía:

Garcia, E. (2019, 30 septiembre). Aumenta demora para obtener cita de atención médica en establecimientos de salud pública. Gestión. https://gestion.pe/economia/aumenta-demora-para-obtener-cita-de-atencion-medica-en-establecimientos-de-salud-publica-noticia/?ref=gesr

OjoPublico. (2021, 28 noviembre). Larga espera: sobrecarga de consultas externas en hospitales. Ojo Público. https://ojo-publico.com/3189/larga-espera-sobrecarga-de-consultas-externas-en-hospitales

Trivelli, C. (2016). Carolina Trivelli: «No tenemos ni el liderazgo ni el armado de un discurso convincente de lo que queremos ser como país». En L. Pasara (Ed.), ¿Qué país es este? Contrapuntos en torno al Perú y los peruanos (pp. 385–399). Pontificia Universidad Católica del Perú.