…Y que Dios nos ampare

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Joaquín Delgado

El 28 de julio de 2001, Pedro Pablo Kuczynski asumió el cargo como ministro de economía y finanzas, en el primer gobierno democrático después del fujimorato. Casi 17 años después, Pedro Pablo Kuczynski renuncia a la presidencia del Perú; después de dos años entre intrigas políticas, alianzas, vacancias, “Avengers” y millones de dólares provenientes de Odebrecht. Un presidente de lujo, comparado a todos los que lo presidieron y que siempre eran considerados el mal menor para el país, no fue diferente a sus predecesores y no duro ni la mitad del tiempo que estos.

Alejandro Toledo, Ollanta Humala, A.G, Keiko Fujimori y PPK no comparten ideologías políticas, pero sí intereses económicos relacionados a una gran empresa llamada Odebrecht, que ha generado un terremoto político no solo en Brasil sino en Perú. Todos están marcados por los tentáculos de la corrupción, están en procesos judiciales o en principios de uno. Las verdaderas víctimas, como dicen ya casi todos, somos los peruanos. Hemos visto cómo los nombres de cada uno de nuestros ex presidentes iban apareciendo en los informes y confesiones de Barata y del mismo Marcelo Odebrecht. No vamos a negar ahora que no sabíamos que en nuestro país existía la corrupción, ¿pero acaso hace dos años imaginábamos que sería tan grande? ¿Imaginábamos que las cabezas de nuestro gobierno eran las que precedían todos estos actos? ¿Acaso queda alguien en quien podamos confiar nuestro derecho de voto y esperar que represente nuestros intereses y no los suyos?
Como muchos en algún momento no quería que vaquen y menos que renuncie PPK, la gran inestabilidad política y económica que generaría me asustaba. Reconocía que PPK no es ni fue un santo; que muy probablemente haya tenido conocimientos de la relación de sus dos empresas, Westfield Capital y First Capital, con Odebrecht. Imaginar un país gobernado por el congreso, enfocado en sacar al presidente de su cargo desde el 28 de julio del 2016, no hacía más que incrementar mis temores. Pero los actos de los últimos días terminaron de liquidar la poca fe que me quedaba en los mandatarios de mi país, no solo la compra de votos contra la vacancia sino el hecho de que entendí que nuestros políticos están dispuestos a TODO por ver cumplir sus intereses. Ya no importa lo que pueda llegar a pensar el pueblo, ya solo importa el poder y mantenerse en este.

Estamos presenciando House of Cards in Perú ¿Somos afortunados? Para nada, nuestra realidad es que nada va a cambiar, no ha cambiado los últimos 17 años y probablemente no cambie mañana. Ya es momento de luchar por nuestros ideales políticos y no permitir que sigan manchando y destruyendo nuestro país. Ya es hora de un cambio. No tenemos a la clase política que necesitamos, pero tampoco la que merecemos.

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