Cuando llega la barbarie: Una reseña de Angst de Gerald Kargl

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Escribe: Moissan del Aguila


Hace algunas semanas, inicié una pequeña rutina junto con una amiga del colegio que consistía en ver una película de terror todos los domingos. El plan tuvo que ser puesto en pausa, pero se quedó en mi cabeza uno de los filmes que estaba en nuestra watchlist.  Además, el hecho de que falte una semana para Halloween hace propicio el reseñar la siguiente película: Angst de Gerald Kargl.

Antes de comenzar a redactar este artículo/reseña tenía una pregunta en mi cabeza: ¿qué hace que una película sea de terror? ¿Tiene como obligación asustarnos? ¿Ser una scary movie? Y es que existen películas que sin ser consideradas dentro de este género como Trainspotting de Danny Boyle y La Gran Aventura de Pee-wee de Tim Burton tienen escenas que pueden llegar a asustar a la audiencia. Además, películas que quizá antes causaron impacto y miedo en los espectadores, ahora no erizan ni un pelo. Por ejemplo, Psicosis de Alfred Hitchcock y El exorcista de William Friedkin son filmes que provocaron gritos y desmayos en sus respectivos estrenos, pero que a mí me dejaron indiferente en ese aspecto. Es decir, uno sabe que son grandes películas (obras maestras inclusive) y que revolucionaron el cine de horror, pero ¿en verdad dan miedo? 

Me hago estas preguntas porque puede cuestionarse si Angst debe ser considerada dentro de este género (si no lo es, adiós especial de Halloween). En todo caso, también hay que reconocer que el género del terror (en realidad, la mayoría de “géneros” de cine) son sumamente amplios y contienen subcategorías con sus propias reglas: folk horror (piensen Midsommar o The Wicker Man), slasher (Scream, Halloween, Viernes 13), torture porn (Saw, Hostel), found-footage (Actividad Paranormal, El Proyecto de la Bruja de Blair), psychological horror (El Resplandor o El Silencio de los Inocentes), el reciente social thriller (Get Out, The Stepford Wives) y una larga lista de amalgamaciones con otros géneros que producen cintas como Spring, Gremlins y The Babysitter. Entonces, quizá con tantos subgéneros y reglas esta producción debe encajar en algún lugar.

Angst (1983), del austriaco Gerald Kargl (su única película), tiene una premisa bastante sencilla. Un hombre acaba de ser liberado de prisión (su crimen: asesinar a una anciana sin motivo alguno) y está en búsqueda de nuevas víctimas, las cuales encuentra en una aislada casa en la que viven una anciana y sus dos hijos. De hecho, los acontecimientos del film se basan en los asesinatos que cometió Werner Kniesek en 1980. Es más, se podría pensar que Angst es una recreación de los eventos que ocurrieron en la casa de St. Pölten, el lugar del crimen. La cinematografía del genial Zbigniew Rybczyński, que persigue a nuestro atormentado protagonista durante casi todo el desarrollo de la cinta, es suficiente para diferenciar la obra de Kargl de otros productos similares; aquellos biopics de asesinos en serie como Ted Bundy y Jeffrey Dahmer. Nos hace sentir atrapados con el innombrado asesino, presos de sus delirios y de su miedo. Y es que uno de los puntos centrales de nos muestra la película es como el mismo protagonista siente miedo de sí mismo y de sus pensamientos. 

A pesar de su notable fotografía y ser considerada una película de culto (Gaspar Noé la nombró como una de sus favoritas), encontré a Angst bastante lenta (pese a tener una duración menor a los 90 minutos). Para ser una película que no tiene una historia más allá de seguir al protagonista durante un día y una noche, esperaba que la experiencia fuera más excitante. Especialmente, los eventos que ocurren dentro de la casa, que sin duda es el momento central de la película. El mayor problema fueron las actuaciones de las víctimas, que ante el peligro se muestran indiferentes o cuyo nivel de reacción está por debajo del nivel que emplea Erwin Leder (el asesino). Es decir, no siento el verdadero terror en sus rostros; los deseos de escapar, de aferrarse a la vida. Leder es magistral como un hombre cuya única pulsión es matar y es él quien acaba cargando la película. Después de todo, es un filme pequeño e íntimo, pues nos adentramos en la mente del asesino: escuchamos sus pensamientos, sus recuerdos, sus deseos. 

Debo reconocer que puede que el hype haya matado mi experiencia con Angst, pero para ser un película “perturbadora” (salvo la escena de persecusión) su impacto en mí fue nulo. Hay momentos en los que pensaba: estoy frente al homicida maniático más incompetente de la historia del cine. Quizá Hollywood ha nublado mi visión sobre esta clase de personajes, haciéndolos ver como genios que logran evadir la justicia en repetidas veces; como seres normales que, sin embargo, esconden un oscuro secreto. Kargl, en cambio, no sigue este modelo: nos muestra claramente la incapacidad del protagonista por adaptarse a la sociedad y pasar desapercibido (un problema que acarrea desde su penosa infancia). Un film más bestial que racional; la experiencia por encima de la trama (si tan solo esta fuera estimulante). 

La razón por la que opté reseñar esta película se basa en dos factores. En primer lugar, Cine O’Culto, una página abocada al cine, hace poco recomendó Angst en sus redes sociales. Sin embargo, la razón principal para elegir esta producción es porque, a diferencia de otras películas de terror, esta lidia con horrores (sino cotidianos) plausibles. El cine de terror contemporáneo (ya sea el que busca colmar salas o el que tiende al cine arte) produce contenido que se desvía hacia lo sobrenatural, fantasioso o simbólico. Basta con recordar algunos de los estrenos de los últimos años: It, Hereditary, la saga de El Conjuro, The Witch, Feliz día de tu muerte, It Follows, The Babadook… Y no hay nada de malo con ellas. Es más, pienso que estamos viviendo una era dorada del cine de terror. El detalle es que ninguna te hace tragar tierra. 

Más allá de los sustos en el cine, las reflexiones políticas y sociales y algunas sensaciones de paranoia, los horrores que reflejan dichas historias resultan ajenos a nuestra realidad. Angst, por otro lado, te muestra que la barbarie puede tocar tu puerta en cualquier momento. Por ejemplo, en el noroeste de Inglaterra, se sospecha que cinco casos de parejas de ancianos masacradas en sus viviendas pueden ser obra de un asesino en serie que ha estado operando desde 1996. Que un homicida entre a tu casa, torture y estrangule a tu familia, ¿es factible? ¿por qué no lo sería? Después de todo eso fue lo que les ocurrió a los de la casa en St. Polten. Y puede estar ocurriendo ahora mismo. 

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