Cumpleaños sin invitados

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 Al principio no parecía tener mucha importancia celebrar un cumpleaños sin invitados, hasta que se apagan las luces, se encienden las velas y entre las pocas personas se comienza a cantar. ¿Cuándo nacieron los cumpleaños?, ¿cuál es la historia económica y social de este ritual?, ¿qué impacto puede tener en la política? Conversamos con la estudiosa de las religiones Paola Corrente y el sociólogo David Krishna. 

Escribe: Juan Diego Zapata. 

Nadie nos enseña qué cara poner cuando a la luz de las velas y alrededor de una torta nos cantan cumpleaños feliz. Entonado lento y en coro puede incluso parecer una canción triste. Esta evidente capacidad melancólica que tiene la canción esconde un poco de la naturaleza del evento. <<Solo un loco celebra que cumple años>>, diría George Bernard Shaw, pues la vocación que nos une a todos los humanos es, sin duda, la muerte. Sin embargo, algunos han señalado que las estadísticas muestran que los cumpleaños son buenos para la salud, pues los que tienen más cumpleaños son también los que viven más. 

En este punto de la historia, todos los lectores hemos cumplido años en cuarentena. Confrontados con el deber de mantener nuestros rituales, nos hemos visto reunidos entre pocos familiares para celebrar encerrados nuestros cumpleaños. Pero, al llegar la hora de cantar, se apagan las luces, los pocos familiares tosen ligeramente y comienza el desafinado y descoordinado canto junto con algunos entusiastas que se animan, dentro de todo, a aplaudir. Es entonces cuando se hace evidente que la canción “cumpleaños feliz” solo es soportable en compañía de más personas: aquel primo pequeño ansioso por comer la torta, aquella tía obsesionada por tomar la foto a todos juntos y aquel tío bromista que silenciosamente trama junto con los otros primos el momento de la mordida a la torta. 

Historia de los cumpleaños: ¿Cuándo nacieron los cumpleaños? 

Para muchos, nuestro cumpleaños es la oportunidad de un nuevo comienzo: el paso a una nueva etapa. Nuestros antepasados no eran ajenos a esta idea, pues las sociedades antiguas tenían rituales de iniciación que marcaban el paso a la vida adulta. Paola Corrente, estudiosa de las religiones y sociedades antiguas, me cuenta que, a cierta edad, los niños de las tribus eran enviados solos a la selva para demostrar que podían sobrevivir. <<Les marcaban el cuerpo con cuchillos porque el chico tenía que saber que ya no era más un niño>>, mencionó. 

Como todas las tradiciones, las fiestas de cumpleaños tuvieron que inventarse. <<Los cumpleaños tienen un origen en los rituales mágicos. Las velas y el humo se asocian con la idea de alejar los malos espíritus, por eso los cristianos intentaron eliminar esta tradición>>, me contó. El cumpleaños más famoso es, sin duda, el de Cristo; sin embargo, los primeros cristianos, notorios aguafiestas, rechazaron rotundamente esta celebración. Con el tiempo su cumpleaños comenzó a ganar popularidad y, al final, no pudieron resistirse a la invitación. 

<<En realidad, no sabemos con certeza cuándo nació Jesús, la fecha es una convención>>, menciona Paola. En resumidas cuentas, hubo que decidir cuándo nació y, <<se escogió diciembre porque empieza el solsticio de invierno en el que los días empiezan a tener más horas de luz que de noche. Simbólicamente, significa que Jesús trae la luz al mundo>>.

Hay registro de que los persas, e incluso los antiguos egipcios en el año 3000 a.C., celebraban los cumpleaños de algunas divinidades, pero no fue hasta la Edad Media que se empezó a registrar las fechas de los nacimientos. <<Antes no tenía relevancia apuntar este dato>>, mencionó Paola, quien normalmente celebra dos cumpleaños por año: el día de su nacimiento y su onomástico (tradición italiana asociada al nombre de un santo). 

Paola suele celebrar sus cumpleaños con algunas tradiciones ya olvidadas. <<Busco en libros antiguos algunos rituales para ese día. Papiros con fórmulas mágicas —menciona con entusiasmo—. Sin embargo, no he celebrado hace tres años mi cumpleaños, pues tengo que esperar a que concluya un ciclo negativo>>, y con la admirable convicción de quien ha aceptado su irrevocable destino dice: <<todavía hay algunos meses de sufrimiento que llevaré de la misma forma. Probablemente prenda velas o queme algo para simbolizar la destrucción de lo negativo y así celebrar el comienzo de una nueva vida>>.

Las funciones sociales de los cumpleaños 

<<Una de las funciones sociales de los cumpleaños es la de válvula de escape>>, menciona el sociólogo e investigador, David Krishna. La modernidad, sin duda, ha puesto sobre nosotros la culpa de no ser lo suficientemente “productivos”; así, al menos por un día, se te felicita por el simple hecho de haber nacido, más allá de tus logros. 

Quizás, la función más temida y fundamental de los cumpleaños es la de marcar el paso del tiempo. <<La edad es un número que, en un segundo y sin hacer cálculos raros, te da información acerca de con quién estás tratando y en qué etapa de la vida está>>, menciona Krishna, un poco preocupado. Cada año que pasa, se nos asigna un nuevo número cargado de información relevante ante los odios de un extraño. 

<<Los lazos sociales son necesarios para sobrevivir>>, señala el sociólogo Krishna, quien reconoce no ser muy sociable. Es un momento en el que reafirmamos nuestras relaciones sociales y las fortalecemos. <<De alguna forma necesitamos decirnos: “oye tu y yo seguimos en una alianza, por eso canta conmigo y come mi torta”>>, dijo riendo. Además de reforzar los lazos, los cumpleaños también van ampliando los círculos sociales: aquella persona que no conocías mucho, pero que vino a tu cumpleaños por ser amigo del amigo de tu amigo, se puede terminar volviendo una persona allegada. 

Sin embargo, ahora que se celebran cumpleaños virtuales, es más fácil excluir a personas que antes llegaban junto a un invitado o que invitabas por compromiso: simplemente no le mandas el link de Zoom. <<Esto trae implicancias en el intercambio de ideas. La teoría de redes ha estudiado que, usualmente, la información nueva entra en un círculo social a través de los lazos débiles; es decir, las relaciones más lejanas, pues nuestro círculo social suele ser homogéneo>>, comenta D. Krishna.

Es posible que los cumpleaños Zoom traigan como consecuencia grupos sociales cada vez más homogeneizados y atrincherados entre sí. La vida moderna, de alguna forma, nos va alejando del otro. <<Hoy en día nadie conoce a su vecino>>, menciona Krishna. Como sociedad, esto puede tener un gran impacto en la política y en cómo se desarrollan los procesos democráticos y sociales en nuestro país. En especial ahora que vemos en el otro una amenaza, un potencial secuaz del Covid.

David Krishna reconoce haber preferido quedarse en casa, pero aún así ir a algunos cumpleaños. Sigue celebrando su propio cumpleaños, aunque no invita a muchas personas. <<Como sociólogo a veces uno dice: “oye, ya para qué, ¿no?”>>. Confiesa que, con la edad, se ha dado cuenta de que hay eventos fundamentales como el nacimiento del hijo de un amigo o el babyshower. <<Tienes que ir porque sino se ve mal —y añade con un poco de tristeza—, eso tuve que aprenderlo a la mala>>.

La canción Cumpleaños Feliz

La melodía fue compuesta por dos hermanas estadounidenses, Mildred y Patty Hill, ambas maestras y compositoras, en 1893. Originalmente se titulaba “good morning to all”. Según Guinness World Records, “Happy Birthday” es la canción más reconocida en inglés. Actualmente la canción es de dominio público, sin embargo, no fue hasta el 2015 en EEUU que dejó de ser propiedad de Warner Music quien facturaba 2 millones de dólares al año en derechos de autor con la canción cada vez que sonaba en radios o televisores. 

La economía oculta de los cumpleaños felices

La caída en la tasa de mortalidad infantil para inicios del siglo XX contribuyó a que se reciban los cumpleaños con alegría, en lugar de tristeza. 

El progreso económico de las sociedades permitió que el ritual se complejice, surgiendo toda una industria. Se hicieron común los regalos, romper una piñata con ojos vendados, globos, decoraciones, tortas temáticas, galletitas animadas, hora loca, serpentinas, luces, música, bebidas, bocaditos, cartas de invitación y, en el caso del cumpleaños número 7 de Isabella Barbo, princesas de Disney, un concierto de Ballet, corona de diamantes, entre otras cosas, generando una factura que llegó a los 10 millones de dólares. 

¿Por qué seguimos intentando cantar cumpleaños feliz? 

Richard Thaler, quien ganó un Nobel por su contribución a la economía conductual, señalaba que al inicio el problema siempre es la inercia. A menudo cuando tenemos que escoger entre dos opciones (cambiar o no cambiar nuestros rituales) tendemos a tomar la que es más fácil por sobre la que es más adecuada. Paola está segura de que el Covid no eliminará los cumpleaños: <<ni siquiera la iglesia pudo eliminar los cumpleaños —mencionó con cierta felicidad— es muy difícil desarraigar una tradición, algo que los humanos vienen haciendo desde la edad primitiva>>. Muchas veces hemos deseado pasar un cumpleaños sin hacer todos los rituales a los que nuestra familia y la buena costumbre nos obligan. ¿Es tiempo de cambiar?, ¿vale la pena seguir cantándola?, ¿necesitamos acaso un pequeño empujón como señalaba Thaler?, ¿seríamos realmente felices sin cantar cumpleaños feliz?. Desearíamos tener las respuestas a esto y quizás las obtendremos si es que cerramos los ojos y lo pedimos soplando las velas del pastel.