Ansiedad social: la angustia por querer ser siempre el bueno

0
440

¿Tiene mucho temor de ser juzgado por los demás? ¿Está muy consciente de sí mismo en las situaciones sociales diarias? ¿Evita conocer gente nueva? Si usted se ha sentido así durante por lo menos seis meses y estos sentimientos le hacen difícil hacer las tareas cotidianas, como hablar con otros, es posible que usted tenga un trastorno de ansiedad social. Ahora bien, ¿será eso o simplemente timidez? Descúbralo en el siguiente artículo.

Escribe: José Amable


Casi todo el mundo se ha encontrado alguna vez con personas tímidas. Pero lo que pocos saben es que, a veces, esta timidez frente al contacto social genera un sufrimiento tan profundo y paralizante que la persona se retira de la vida y se recluye, incapaz de trabajar o de mantener relaciones cercanas. En consecuencia, debido a que no pueden expresar lo que están sufriendo en silencio, a veces se les considera infantiles, caprichosas, tontas o aburridas. Sin embargo, ¿qué es realmente esta fobia social?

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la fobia social––también conocida como trastorno de ansiedad social o timidez patológica, entre otros términos–– como un “miedo a ser observado por otros, lo que lleva (a la persona) a evitar situaciones sociales”. De hecho, en los casos más extremos, se asocia con una baja autoestima y el miedo a ser criticado. Además, físicamente, la fobia social puede manifestarse a través de enrojecimiento de la cara, náuseas y temblores en las manos. Así, una persona con fobia social se caracteriza por tener una sensación de que existe una especie de foco sobre su cabeza, donde quiera que vayan. Además, la manera en la que se manifiesta esto es de muchas formas como el querer agradar a todos y no estar involucrado en ningún conflicto. Claramente, si eres una persona que aprecia su propia paz no querrás estar involucrado en peleas, por lo que siempre cuidarás lo que dices y lo que haces. No obstante, una persona con ansiedad social se estresa por todo lo que no puede controlar, por ejemplo, “¿qué pensará la gente de mí?”, “¿dije algo inapropiado?” o “¿qué puedo hacer para agradarles?”. Es más, esta necesidad de querer mantener el conflicto alejado y controlar sus relaciones conlleva a una constante angustia por querer ser siempre el bueno.

Ahora, ¿qué es lo que origina esto? Uno de los grandes conductores que genera este mal, según especialistas, se debe al contexto de una sociedad que requiere cada vez más que las personas se expongan en público para tener éxito. De esta manera, el espacio público se convierte en un lugar para el exhibicionismo que puede ser despiadado con quienes se resisten a ello. Así mismo, la virtualidad ha contribuido a que esa angustia crezca en dichas personas que padecen este mal que las hace preocuparse por los chismes y críticas. Empero, no debería ser de esta manera porque se olvidan que todos somos el malo en una historia mal contado. En efecto, si bien cuidar su accionar, intentar no lastimar a las personas con sus palabras y acciones como sembrar el bien para cosechar el bien les ayudan a evitar estos incidentes, no pueden controlarlo todo. Siempre habrá alguna historia, contada bajo una perspectiva bastante peculiar, donde terminarán siendo los villanos. Inclusive la virtualidad aumenta las chances de pasar por una situación alarmante por tener menos chance a “ reenvindicar un yerro”. Es decir, menos probabilidades de poder controlar los resultados de cada cosa que dicen o hacen. Aunque es preciso señalar que no necesariamente esta dependencia excesiva a la tecnología por el contexto de crisis mundial sea el principal promotor de este trastorno.

En síntesis, la angustia social se puede manifestar y ocurrir por distintos motivos a través del temor intenso y persistente de ser observado y juzgado por otros. Dicha sensación, aquella que puede originar un gran bloqueo, debe distintirse de simplemente la timidez ya que va más alla de la capacidad de lograr adaptarse gradualmente a las personas y situaciones nuevas con el tiempo. Por ello, es importante reconocer qué es lo que realmente le pasa a uno para poder recibir el apoyo necesario. Por ejemplo, se puede empezar por dejar de martizarse por las versiones alternas que pueden surgir de los hechos ya que la realidad puede ser leída de distintas maneras y uno no siempre tiene que ser el bueno de todas las historias. Recuerda, no importa que tan buena persona seas… siempre serás el malo en una historia mal contada desde la boca incorrecta. Por tanto, ¡vence tu timidez y pierde el temor a equivocarte!