Crisis educativa: La deserción escolar

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La suspensión de las clases presenciales fue una consecuencia inevitable de la pandemia y para nosotros, como comunidad UP, ha significado una adaptación total a nuevas condiciones de estudio que hemos logrado con éxito y sin interrupciones. Sin embargo, para miles de estudiantes peruanos que carecen de tales condiciones, esta situación ha implicado la paralización de su educación o, en el peor de los casos, el abandono del sistema educativo por completo.

Escribe: Adriana Cordero

Según el Instituto de Estudios Peruanos (2020), en lo que va de la pandemia, se estima que alrededor de 300 mil estudiantes desertaron del colegio o la escuela, lo que equivale al 15% de la matrícula nacional. Si bien las tasas de deserción escolar en el Perú mostraban una tendencia decreciente en los últimos años, la situación pre-pandemia aún era preocupante (con una tasa de deserción de 1,3% en primaria y 3,5% en secundaria para el 2019). Así, el Covid ha exacerbado un problema con el que se venía luchando años atrás.

Son múltiples los factores explicativos de este fenómeno, tales como problemas económicos o familiares, los costos educativos, embarazos prematuros, falta de ganas de estudiar, entre otros. La crisis no solo ha sumado problemas tales como el acceso a Internet, computadoras, radio o televisión; sino que ha agudizado cada uno de los preexistentes. Por un lado, con el aumento del desempleo en 8,8% y la pobreza a 37,3% (MEF, 2020), miles de adolescentes, niñas y niños se vieron obligados a salir a trabajar y buscar fuentes de ingreso para subsistir sin mayor opción que el sector informal. Esta sustitución de estudio por trabajo es, en la mayoría de los casos, decisión de los familiares. Ellos, al no poder percibir los beneficios de largo plazo de la educación, consideran más rentable y necesario que sus hijos generen ingresos inmediatos.

Por otro lado, es difícil esperar que un alumno que recibe clases por radio y en condiciones precarias pueda conservar su motivación, y aún cuando tuviese ganas de aprender, la calidad de su enseñanza y aprendizaje resulta mucho más pobre de la que, probablemente, ya era antes del Covid. Asimismo, las aspiraciones educativas que el estudiante tenga influyen en su permanencia en el sistema y su interés por estudiar. Aquellos que aspiran alcanzar una educación superior tienen menor riesgo de desertar y valorarán más su educación, lo que se traduce en mayor motivación y un mejor rendimiento (Cueto, Felipe & León, 2020).

Si bien la deserción no descarta la posibilidad de retornar al sistema, el rendimiento del alumno se correlaciona negativamente con el tiempo que este permanece fuera de las aulas y, si la deserción fue los primeros años de educación básica, existe menor probabilidad de reintegrarse al sistema y de rendir adecuadamente. Por otro lado, si bien las estadísticas de deserción según sexo no son claras, durante la pandemia, el embarazo adolescente se incrementó en un 12% (Sociedad Peruana de Obstetricia y Psicología, 2020), lo que nos lleva a inferir que la deserción escolar en mujeres tiende a ser definitiva, con menor probabilidad de reincorporación.

¿Cuál es el resultado de tener menos niños en las aulas? Principalmente, la desigualdad. Los estudiantes más afectados son los más vulnerables, que se alejan más y más de poder ejercer su derecho a la educación. Las brechas no solo involucran la cantidad de estudiantes en aula, sino también la calidad educativa, pues mientras los docentes del sector privado desarrollan nuevas competencias digitales, los maestros del sector público se limitan a complementar la estrategia de Aprendo en Casa.

La respuesta del Gobierno no ha sido suficiente para menguar esta crisis educativa. Es necesario tener presente que la educación es un derecho universal que se expresa en acceso, permanencia, calidad y trayectoria. En ese sentido, se requiere realizar ajustes a las políticas públicas para que respondan de forma eficiente a esta problemática. Más aún cuando una mejor educación, no solo permite vivir en una sociedad menos desigual y más justa, sino que, reduce la informalidad, permite acumular mayor capital humano, mejora la productividad y en ese sentido, es motor del desarrollo económico sostenido.

 

 

Bibliografía

Cueto, S., Felipe, C., & León, J. (2020). Predictores de la deserción escolar en el Perú. Recuperado de https://www.grade.org.pe/wp-content/uploads/GRADEap52.pdf

Instituto de Estudios Peruanos (2020). Análisis, 300.00 estudiantes desertan en medio de la pandemia. Recuperado de https://iep.org.pe/noticias/analisis-300-000-estudiantes-peruanos-desertan-en-medio-de-la-pandemia/?fbclid=IwAR0slnpHcWO6zfX3M-3YVoahLJRZpGPVneiMrJSv5kBip4cjwUEIsnaIM8k

Ministerio de Economía y Finanzas (2020). Marco Macroeconómico Multianual, 2021-2024.

Sociedad peruana de Obstetricia y Ginecología (2020). Recuperado de http://www.spog.org.pe/web/index.php/noticias-spog/514-durante-pandemia-del-covid-19-el-embarazo-adolescente-se-incremento-en-12-por-ciento

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