Hábitos de sueño y el rendimiento académico

0
171

Con la universidad, junto con las actividades y responsabilidades que trae consigo, es normal tener desfases de horarios en nuestros días y sacrificar horas de sueño. Esos trabajos para los que estamos ajustados con el tiempo límite, esos exámenes para los que dedicamos horas extra de estudio, la chamba, y el tener que estar todo el día en casa para evitar, en lo posible, los contagios, hacen que dormir a altas horas de la noche se convierta en un hábito y no en cosa de una vez.  Este cambio en los patrones de sueño puede ser explicado por varias razones y sus efectos en el rendimiento académico muchas veces no son claros. Este artículo desarrollará estos.

Es conocida la importancia del sueño en la consolidación de nuestra memoria, pensamiento creativo, la velocidad de reacción, el aprendizaje, los procesos restaurativos, y demás. Es por esto que es considerado de suma importancia que los jóvenes universitarios gocen de una adecuada calidad del sueño. Sin embargo, frente a las exigencias académicas, se suele caer, por parte de los universitarios, en una en una tendencia a la privación del sueño autoimpuesta y, así, se termina alterando la relación del ciclo de sueño.

Adicional a toda esta carga, en ocasiones el cambio de hábitos se puede deber a otros factores que afectan la calidad del sueño. Entre estos está el estrés psicológico, algunos estimulantes como el alcohol o el café, enfermedades (como los trastornos del sueño), edad, medicamentos, estilo de vida, entre otros. Estos factores pueden repercutir en la conciliación del sueño y su efecto varía para cada persona, dependiendo de sus características psicológicas, físicas y su entorno.

Entre los trastornos del sueño se encuentra el insomnio, el cual implica la dificultad para iniciar o mantenerlo y, además, provoca despertares más tempranos de lo que se quisiera, además de dificultar tener sueños reparadores. Suele estar acompañado por alteraciones al día siguiente, y su frecuencia es de al menos 3 veces por semana. Según Gómez Ossa, “tiene tasas de prevalencia en estudiantes universitarios entre 8.7% y 69.0% y se ha asociado con mayor fatiga, irritabilidad, ansiedad, depresión, dificultad para terminar las tareas, déficit cognitivo, accidentes, ausentismo, abuso o dependencia de sustancias, suicidio, compromiso inmunológico, enfermedades cardiovasculares y gastrointestinales”. No es una privación del sueño voluntaria.

Entre las personas con mayor probabilidad de padecer insomnio se encuentran aquellas con comorbilidades, como enfermedades pulmonares y cardíacas; también están aquellas con enfermedades neurológicas como el Parkinson y Alzheimer y; además, las que sufren de trastornos respiratorios como el síndrome de apnea obstructiva del sueño (SAOS) que provoca la obstrucción de una de las vías aéreas durante la inspiración.

Efectos en el rendimiento académico y en la salud

Si bien se sabe que el sueño es vital para el aprendizaje, diversos estudios (como el de Monterrosa, Ulloque y Carriazo) no encuentran efectos significativos entre la calidad y patrones del sueño y el rendimiento académico, pero sí diferencias en los rendimientos académicos según la presencia del insomnio. También señalan que, en general, los universitarios con insomnio tienden a tener una capacidad de reacción más lenta, calificaciones más bajas, una mayor somnolencia diurna, fatiga y preocupación.

De la misma forma, otro estudio realizado por la Universidad Tecnológica de Panamá que buscó responder si es eficiente privarse del sueño con el objetivo de mejorar el rendimiento académico, concluyó con su investigación que aquellos estudiantes con menor tiempo de sueño de igual manera consiguen mantener resultados aceptables a aquellos con más horas de descanso.

Los efectos de la privación del sueño, como se mencionó anteriormente, no solo podrían presenciarse en el aprendizaje. La alteración de los patrones de sueño de los estudiantes puede aumentar el riesgo de sufrir de depresión y, según algunos, el consumo de alcohol y cigarrillo. Además, diversos estudios vinculan la falta de sueño con obesidad, enfermedades metabólicas (como la diabetes tipo II), problemas cardíacos, desórdenes psiquiátricos y demencia.

Por otra parte, otro de los aspectos de la salud en los que influye la alteración de los patrones de sueños es la respuesta inmune. Se describe una relación recíproca entre el sueño y la inmunidad. Adicionalmente, se ha encontrado que en las personas que sufren de insomnio se presenta una disminución de la respuesta inmune a la vacuna de la influenza.

Según Live Well, una noche, de vez en cuando, sin dormir puede provocar cansancio e irritabilidad al día siguiente, pero no dañará la salud.  Es después de la prolongación de esta conducta que los efectos físicos se hacen presentes. La continuación de esta puede afectar la salud en los diversos aspectos presentados anteriormente.

La privación del sueño tiene múltiples efectos negativos en la salud, mas no está comprobado que también sea el caso con relación a su efecto en el desempeño académico de los estudiantes universitarios. Aún así, es importante tener presente que no es el único campo que nos debería preocupar y que la salud mental, tanto como física, podría verse fuertemente comprometida. Si este problema en los hábitos de sueño se prolonga, es recomendable consultar con un experto.

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here