La soledad en tiempos de crisis

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Una vez mi abuela me dijo: “Es que ustedes los jóvenes no pueden esperar. ¿Cómo habrían hecho en la época en la que no había internet y teníamos que escribirnos por cartas?” Aquello me dejó pensando noches enteras. Hoy, momento en el que nos hemos visto en la obligación moral y civil de quedarnos en nuestros hogares, me pregunto: ¿qué habríamos hecho sin internet? ¿seríamos capaces de esperar la llegada de una carta?

 

Uno pensaría que, debido a la facilidad de conexión que nos brinda el internet y las redes sociales, este tiempo de cuarentena ha sido un poco más “manejable”. No obstante, muchos nos hemos encontrado directamente con un sentimiento que, quizás, no habíamos experimentado antes: la soledad. Las imprevistas circunstancias han congelado nuestras vidas, rutinas y quehaceres. Estábamos tan acostumbrados a vivir en un mundo de conectividad masiva, de la marcha veloz a la solución de los urgentes problemas cotidianos; que nos olvidamos lo que era pasar tiempo con nosotros mismos. Ahora, con una mano en el corazón, ¿la soledad es una pasión o una condena?

Para el filósofo Arthur Schopenhauer la soledad es “la excelencia de todos los espíritus excelentes”. Aquello implica que, en la soledad más absoluta, el hombre encuentra en sus propios pensamientos e imaginación ideas con las que divertirse agradablemente. Al igual que él, muchas personas disfrutan de estar aislados porque sienten que tienen mayor claridad en sus pensamientos; algunos hasta viajan días hasta llegar a la cumbre de la montaña más alta porque “únicamente si se está solo se es libre”. De esta manera, vivida de forma sana, la soledad puede ser una gran oportunidad para construirse, conocerse, y valorar aquellas cosas que dábamos por sentado, pero que al igual que muchas otras, son efímeras.

Por otro lado, su contemporáneo Victor Hugo juraba: “El infierno está todo en esta palabra: soledad”. Cabe mencionar que, cuando pensamos en la soledad, inmediatamente la asociamos con la falta de contacto humano. Lo cierto es que aún rodeados de muchas personas podemos sentirnos solos, ya que es un estado mental al igual que lo es la depresión, la ansiedad, o el miedo. No obstante, es en los momentos de soledad física en los que uno se da cuenta del sentimiento de soledad emocional. Con las redes, podemos olvidarnos de este sentimiento por un momento; sin embargo, cuando damos por finalizada una llamada o cerramos el celular, en muchos casos, el vacío sigue presente, el tiempo infinito y las cosas comienzan a perder significado.

Las causas de la soledad emocional son varias. Este patrón se muestra intensificado en personas mayores o que muestran dificultades en sus interacciones sociales debido a problemas de inseguridad, bloqueo, nerviosismo, ansiedad y aislamiento. Un estudio reciente de la Universidad de Chicago dio a conocer que una de casi cuatro personas se siente sola en esta era de la tecnología; esto se debe a que las relaciones se han visto empobrecidas y pasamos más tiempo con representaciones virtuales de los otros que con los individuos físicos… relaciones que acompañan, pero no mitigan la sensación. Ahora, ¿de cuál lado estamos? Reflexionar un poco sobre esta pregunta nos hará darnos cuenta del impacto de la respuesta, pero dejando de lado el resultado, debemos entender la soledad como algo natural y comprensible.

Para terminar, en estos momentos difíciles no dejemos de lado nuestros propósitos y metas que tenemos para el futuro. Por el contrario, hay que tomarnos este tiempo para reflexionar sobre qué medidas hemos tomado para alcanzarlas y, si todavía no hemos iniciado, de qué manera podemos hacerlo. No tengamos miedo de abrir nuestra mente y mirar el atardecer del sol; porque puede que el mundo esté en pausa, pero con la colaboración de todos se pondrá en marcha nuevamente. Mientras tanto, seamos empáticos y no descuidemos al colectivo más vulnerable: quienes esperaban días a que llegaran las cartas.

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