¿Me concedes esta pieza?

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Todos tenemos inseguridades y lamentablemente no existe una fórmula para lidiar con ellas. Sin embargo, existe un ritmo que puede ayudarte a superar esta dificultad y consta de tres tiempos: vulnerabilidad, confianza y transformación. Lo más importante es que no requieres de ningún dote artístico para intentarlo, pues para empezar a bailar nadie necesita nacer sabiendo. El mundo del baile ha cambiado la vida de muchas personas y podría cambiar la tuya. Por ello, ¿me concedes esta pieza?

Escribe: Gabriela Ramírez


El movimiento cura.

Esa es la frase esencial de la charla TED que realiza Jessika Baral para la Universidad de Chicago en el 2019. Jessika es una activista del baile y fundadora de la organización sin fines de lucro llamada “Our Chance to Dance”. Ahí se llevan a cabo eventos de danza para cientos de personas de diversos países con el objetivo de sumar al crecimiento personal de un individuo, a través del movimiento y la expresión corporal. 

Antes de empezar la charla, se realizó un experimento particular en donde las personas debían pararse una frente a la otra y mirarse el abdomen. Evidentemente, muchos se sintieron incómodos porque sentían ser juzgados por esa parte de su cuerpo. Es aquí donde viene un punto muy importante: la mayoría siente mucha inseguridad al atraer atención hacia su cuerpo. Hay un temor asociado a la expresión corporal y muchas veces eso desencadena en el miedo a expresarse de manera general o en todos los aspectos de la vida.

Es por esta razón que el baile talla como una herramienta vital para poder superar muchas de estas inseguridades, pues es un arte en donde las personas utilizan su cuerpo precisamente para expresarse. Cuando uno baila no existe nadie más alrededor, ya sea que estés frente a un espejo, al medio de la sala o parado en un escenario, la concentración está en ti, en qué estás sintiendo y cómo lo exteriorizas. No obstante, muchos dicen: “Pero, yo no tengo talento para eso”. Y la respuesta es: no lo necesitas. Cualquiera puede empezar a bailar si lo desea. Lo que sí se requiere es determinación y paciencia, pues puede que necesites salir de tu zona de confort. 

En línea con esta idea, Baral menciona que son tres los momentos por los que uno pasa cuando entra al mundo de la danza: vulnerabilidad, confianza y transformación. Para entenderlo mejor, pongámoslo en práctica: el ritmo a seguir es el siguiente: 5,6,7 y 8. En los tres primeros tiempos es la preparación y en el 8 se empieza a bailar. 

¿Comenzamos?

5: Vulnerabilidad

Es aquí donde muchos se confunden, pues no siempre reconocen el momento en el que deben empezar a bailar. Para ello, es necesario tener musicalidad, es decir, saber escuchar y reconocer los tiempos de la música. De igual manera, para empezar este proceso primero debes escuchar a tu cuerpo. No es nada sencillo, pues cuando te encuentras en la clase de baile frente al espejo, los primeros pasos que haces los ves extraños y sientes que todos te juzgan por eso. Sin embargo, la única razón por la que se ve extraño es porque no lo hacemos a menudo, no porque no estemos hechos para bailar. Poco a poco, los movimientos mejoran, porque se reconocen errores y se practica para corregirlos; el miedo es menor y la sensación de un cambio se hace presente. 

Es aquí donde uno puede ver el valor que empieza a aportar el baile, pues nos ayuda a aceptar partes de nosotros que no necesariamente nos gustan. Mostrar lo que esencialmente somos nos hace sentir vulnerables, pero es necesario para poder reconocer nuestras fortalezas y los aspectos a mejorar, y así desenvolvernos mejor en cualquier ámbito de nuestras vidas.

6: Confianza

Muchas veces lo que motiva a las personas a seguir con un proceso es ver la evolución que se tiene. Observar la mejora de los resultados producto del esfuerzo propio genera que la confianza en uno mismo vaya creciendo poco a poco. Ver el progreso y desarrollo de la expresión corporal nos motiva a querer aplicarlo a nuestra vida cotidiana. Así, si uno es tímido, empieza a iniciar nuevas amistades; si uno es desorganizado, empieza a planear hábitos o itinerarios para organizarse mejor; si a uno no le va bien en un curso, empieza a trazarse alternativas para obtener mejores resultados; y la lista de escenarios sigue. Es verdad que en el camino hay uno que otro tropiezo, pero la sensación de una transformación puede ser más fuerte que el obstáculo.

7: Transformación

El momento en que la persona se observe bailando frente al espejo con seguridad, gracia y felicidad, sabrá que ha alcanzado la libertad que tanto buscaba. Sabe que ha costado muchas caídas, lesiones, frustraciones y sensaciones de fracaso, pero también sabe que ahora es el bailarín que aspiraba ser. De igual manera, cuando somos testigos de nuestro crecimiento personal en un ámbito, sabemos que podemos tenerlo en cualquier otro que nos propongamos. Si bien somos conscientes de que hay muchos obstáculos en el camino, ahora nos conocemos a nosotros mismos y sabemos lo que tenemos que hacer para alcanzar esa nueva meta.

8: Baila la vida.

Los tres momentos anteriores son una pincelada de lo que el baile puede aportar al crecimiento de una persona. Nos hace conocer lados de nosotros que no sabíamos que teníamos, nos ayuda a aceptar cómo somos, a potenciar las fortalezas y a trabajar en las oportunidades de mejora. Al ser un arte que se aprende con constancia y esfuerzo, nos enseña habilidades como la disciplina, perseverancia, resiliencia y autoconfianza. Herramientas que sirven para tener un mejor rendimiento y desenvolvimiento en muchos aspectos de la vida diaria, pero lo más importante: para ser la mejor versión de nosotros mismos. 

“Cada día te brinda la oportunidad de respirar, quítate los zapatos y empieza a bailar”.

-Oprah Winfrey