Seré feliz cuando…

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“En las profundidades del invierno finalmente aprendí que en mi interior habitaba un verano invencible.” – Albert Camus

Escribe: Sandra Valdez

¿Alguna vez has escuchado a alguien decir “seré feliz cuando…algo pase”? Tal vez lo has dicho tú mismo, es tan común que no nos damos cuenta. Pensamos “seré feliz cuando esto acabe”, “seré feliz cuando consiga trabajo”, “seré feliz cuando me gradué”. Tal vez no lo has dicho explícitamente, quizás lo has pensado. Esta frase da la impresión de ser inofensiva cuando en realidad es sumamente dañina. 

El principal problema con pensar que serás feliz cuando algo externo ocurra es que tu bienestar esta dependiendo en algo del cual no tienes control. Cabe resaltar que la felicidad no es un sinónimo de alegría. La alegría va relacionada a la euforia y el júbilo y va acompañada de sonrisas y risas. Sin embargo, la felicidad se entiende como un estado de satisfacción, es más sigilosa y la podemos entender como paz interior. La felicidad depende de nosotros mismos, es un error colocarla en manos de un evento exterior. Sería incorrecto decir, por ejemplo,  “seré feliz si mañana el día es soleado”. No podemos controlar si mañana el día estará gris o hará sol. No tendría sentido estar infeliz si está nublado, nuestra felicidad no depende de como esta el clima, sino de cómo enfrentamos ese día gris.

Las cosas que nos suceden no tienen porque ser catalogadas como malas o buenas. Nosotros podemos transformar una “mala” situación en algo positivo, al igual que podemos volver una “buena” situación algo negativo. Lo podemos observar en la fábula de la liebre y la tortuga. Podríamos decir que, en una carrera, ser una tortuga es algo malo y ser una liebre es bueno. A pesar de esto, el resultado de la carrera no dependió de ser una liebre o una tortuga sino de como actuó cada uno de los personajes. A pesar de su ventaja, las decisiones de la liebre la llevaron a perder y la determinación de la tortuga la llevo a ganar. Otro ejemplo, más cercano a la realidad, vendría a ser el caso de una persona que ganó la lotería y otra que perdió su trabajo. Comparando ambas situaciones, ganar la lotería se ve claramente como algo bueno y perder tu trabajo se ve como algo malo. Sin embargo, en esta historia la persona que ganó la lotería despilfarró su dinero y quedo en la quiebra, y la persona que perdió su trabajo puso su propio negocio y ahora es millonario. Estos ejemplos nos demuestran que circunstancias externas, por malos o buenas que sean, no determinan nuestros resultados ni nuestra felicidad. Nosotros somos quienes tenemos poder y el deber de determinarlo. No es una tarea sencilla.

Otro gran inconveniente con decir la infame frase “seré feliz cuando…” es que colocas tu felicidad en un momento del futuro y no te estas permitiendo ser feliz hoy. Tener metas y expectativas para un futuro mejor es excelente. El problema está cuando no trabajas para alguna meta y solo esperas a que algo ocurra que te permita ser feliz. De esta forma estas tratando de buscar una salvación en el futuro y no te enfocas en vivir el momento más importante, que es el ahora. Al hacer esto aceptas tu condición actual de insatisfacción y no buscas hacer algo al respecto para solucionarlo. Cuando el momento en el futuro que tanto esperabas llega quizás sí te traiga alegría, mas no felicidad. Así como este momento vino, se va y te quedas esperando por algo más.

También un grave error es no permitirte ser feliz por algo que sucedió en el pasado. Ni el pasado ni el futuro deberían afectar tu tranquilidad en el presente y eso algo que depende de ti.

“El pasado y el futuro obviamente no tienen realidad propia. Lo mismo que la luna no tiene luz propia, sino que puede solamente reflejar la luz del sol, así el pasado y el futuro son sólo pálidos reflejos de la luz, el poder y la realidad del presente eterno. Su realidad es “prestada” del ahora.” (Tolle,2000)

Es importante no ceder a una condición de infelicidad porque creemos que más adelante vamos a ser felices. El momento de ahora es el más importante y lo que hagamos en el presente es lo que más cuenta. Una breve historia nos ilustra el daño de no darle importancia como nos sentimos hoy. Una persona llegó a estar muy triste y pensar que no importaba si me sentía así porque cuando esto acabe iba a ser feliz. No se dio cuenta del daño que se hacía, aceptó este sentimiento y no hizo nada al respecto. Al estar tan desmotivada las cosas le salían mal y se ponía peor. Perdió el gusto por las cosas que le gustaban hacer, pasaba el rato durmiendo o viendo su celular. Su ánimo era tal que llegó a físicamente enfermarse. Entonces se dio cuenta de que sí importaba como se sentía ahora, que su felicidad no podía depender de algo que no sea ella y debía hacer algo al respecto. Esta es una situación que le puede pasar a cualquiera, lo más importante es darse cuenta que no está bien, porque cómo tú te sientas ahora sí importa. Tú importas. El camino a sentirse mejor no es perfecto, tiene subidas y bajadas, pero mientras sigas intentándolo estará bien.

Decimos: “Seré feliz cuando esto o el otro ocurra”.  Cuando el momento llega y se va seguimos esperando que suceda algo más, así indefinidamente. En la vida no existe un felices para siempre, tampoco hay hadas madrinas y es porque la felicidad no es un destino sino un camino y los responsables de hacerlo realidad somos nosotros. Ser feliz no significa que estamos saltando y riendo todo el día, significa que estamos en paz con nosotros mismos. Sentirse triste, preocupado, molesto u otro, esta bien lo importante es nunca rendirse ante esos sentimientos pensando que algo mágico va a hacer que en un futuro se solucionen. Nosotros tenemos ese deber. En nosotros está el poder de ser felices hoy.

Bibliografía

Goleman, D. (1995). Emotional Intelligence. Nueva York: Bantam Books.

Tolle, E. (2000). El Poder del Ahora.

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