El impacto ambiental del Covid-19

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La humanidad espera paralizada el término de la pandemia mientras que la Tierra muestra sus dotes más resilientes en el aspecto ecológico ¿Habrán efectos más allá de lo evidente? Entérate de esto y más en esta sección.

Escribe: Adriana Cordero


En tiempos de cuarentena, para muchos resulta inevitable extrañar la vida en sociedad y sobre todo el ejercicio de la plena libertad fuera de nuestros hogares. Aquella libertad de decidir si mañana íbamos al cine, a un concierto, al teatro, de compras o a planear un viaje con nuestros amigos. En reemplazo de esto recibimos la tranquilidad de la ciudad, la limpieza de las calles, y las bandadas de aves que nunca antes vimos en las costas. Estas señales parecen indicar que el medio ambiente está un poco mejor sin nosotros como agentes contaminantes constantes.

Es una gran ironía pensar que el brote de un virus originado en uno de los denominados mercados húmedos de China, lugar donde se comercian numerosas especies de animales en paupérrimas condiciones de salubridad, daría pie a que el planeta tuviera un pequeño descanso luego de décadas de crecientes emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero, así como de la invasión masiva en diversos ecosistemas que los humanos hemos tomado como nuestros sin tomar conciencia del verdadero impacto ambiental y climático de nuestras acciones.

Como se informó en diversos medios, esta situación permitió que algunas especies de animales regresaran a espacios en los que la contaminación que generábamos a diario representaban una barrera. Tal es el caso de los cisnes y cardúmenes de peces en las aguas de los canales de Venecia. Más aún, ante la ausencia humana se dieron avistamientos de jabalíes en Barcelona y Roma, delfines en las playas de Italia, zorros en Londres, y hasta un puma en Santiago de Chile. Por otra parte, en nuestro país se han avistado bandadas de aves cada vez más frecuentes en las costas y algunos animales salvajes como cocodrilos y jaguares en puerto Vallarta.

La fauna silvestre también se vio aliviada debido a que  el Comité Permanente del Congreso Nacional del Pueblo en China aprobó una resolución que prohíbe temporalmente la comercialización y consumo de estas especies; lo cual, sumado al cierre de fronteras, ocasionó una disminución del tráfico ilegal de animales. El Parlamento chino aún se encuentra discutiendo la legalización de esta medida en aras de que se reduzca la probabilidad de nuevos brotes epidémicos, así como garantizar la seguridad ecológica y biológica en su territorio.

A medida que el COVID-19 se ha propagado por el mundo, la respuesta más efectiva e inmediata para la mayoría de naciones fue el aislamiento social, con lo que las industrias frenaron y el transporte -terrestre, aéreo y marítimo- se redujo al mínimo necesario para la subsistencia. Según el Centro de Investigación en Energía y Aire Limpio (CREA), las emisiones de dióxido de carbono han disminuido en más del 25%. Esto debido a la reducción significativa en el consumo de combustibles fósiles como el petróleo o el gas a nivel mundial. Esta tendencia resaltante se aprecia en los principales países emisores de contaminación como China.

Desde luego, resulta lógico que ante una paralización del aparato productivo mundial se reduzca la contaminación, tal como sucedió a lo largo de la historia durante las recesiones económicas en las que las caídas del PBI mundial conllevaron a menores emisiones de gases de invernadero (Pietro, 2020). Sin embargo, con la finalidad de impulsar la reactivación económica mundial estas emisiones podrían aumentar aún más que antes de la crisis, revirtiendo de esta forma el impacto positivo generado. Por lo cual, este efecto resulta ambiguo por la probabilidad de tornarse contraproducente.

Las consecuencias ambientales del COVID-19 en el corto plazo parecen ser positivas. Sin embargo, la incertidumbre que reina ante este escenario apocalíptico nos lleva a pensar sobre los probables efectos de largo plazo que son aún más trascendentes en nuestras vidas. Esto dependerá de que nosotros como ciudadanos responsables en conjunto con las autoridades a nivel mundial reflexionemos sobre la importancia de la salud pública, pues esta depende en gran parte de las condiciones ambientales y climáticas, así como de la conservación de nuestros ecosistemas y las especies que habitan en ellos.

Fuentes:

Kimbrough, L. (2020). Conservacionistas aclaran panorama sobre los vínculos entre la vida silvestre y el coronavirus. Series de Mongabay. Recuperado de https://es.mongabay.com/2020/03/trafico-de-vida-silvestre-covid-19-coronavirus-pandemia/

Prieto, F. (2020). Lecciones Aprendidas de la Crisis del COVID19 para la Emergencia Climática. Observatorio Sostenibilidad. Recuperado de https://www.observatoriosostenibilidad.com/2020/04/07/lecciones-aprendidas-de-la-crisis-del-covid19-para-la-emergencia-climatica/

Semana Sostenible. (2020). El positivo impacto ambiental que ha dejado el coronavirus. Recuperado de https://sostenibilidad.semana.com/medio-ambiente/articulo/el-positivo-impacto-ambiental-que-ha-dejado-el-coronavirus/48932

1 COMMENT

  1. Interesante artículo, reflexivo, felicitaciones a la autora, sería bueno una segunda entrega en la que proponga algunas recomendaciones para que al retorno a cierta normalidad podamos contar con hábitos sociales e incluso medidas de política ambiental a favor del ambiente.

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