Producir para desechar: el problema de la sociedad de consumo

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Escribe: José Amable

Dentro del consumismo, existe el concepto de obsolescencia programada que provoca graves daños en nuestra capacidad de ahorro como en nuestro ambiente. Por lo tanto, ¿qué podemos hacer para cambiar este escenario?


Cada vez falta menos semanas para la Navidad y muchas empresas ya iniciaron sus campañas para incentivar el consumo.  Lamentablemente, el modelo capitalista imperante de esta temporada ha transformado lo religioso y espiritual en una ocasión para que la vanidad salga a relucir. Para lograr ello, los comerciantes utilizan campañas publicitarias o promociones atractivas para que la población caiga en la trampa del consumismo. Esto resulta contraproducente dado que afecta la capacidad de ahorro de las personas y la compra de productos que posiblemente no son necesarios. Por lo tanto, es necesario entender la obsolescencia programada para evitar el consumismo que vivimos hoy en día.

Según el documental de Cosima Dannoritzer (2010), la obsolescencia programada se define como “la programación del fin de vida útil de un producto, de modo que, tras un periodo de tiempo calculado de antemano por el fabricante o por la empresa durante la fase de diseño del producto, este se torne obsoleto, no funcional, inútil o inservible”. Esto se puede realizar mediante el diseño de un producto que se descomponga al terminar su periodo de garantía o al establecer una estrategia de marketing que haga pensar al consumidor que su producto ya no tiene relevancia. Entonces, se incentiva la generación de basura dado que reduce la vida útil de los productos e incentiva las compras innecesarias por partes de los clientes.

Esto afecta gravemente al ambiente. De acuerdo con el especialista en economía circular, Bureau Jean- Pierre Schweitzer, sería básicamente en dos aspectos (G. Bejarano 2020). Primero, provoca inmensas cantidades de basura electrónica. Según un informe de la ONU, en el mundo se produce hasta 50 millones de toneladas de desechos electrónicos y eléctricos (e-waste) al año; y de estos solo el 20% se recicla formalmente (Aldama 2020). Consecuentemente, el resto se esparce en los campos y grandes vertederos. Segundo, requiere de una alta demanda de extracción de materiales. Los dispositivos electrónicos necesitan una gran variedad de materias primas e incluso emplean cantidades menores de metales preciosos como el oro (Anón 2019). Esto posee una huella de carbono considerable ya que extraer una tonelada de oro genera alrededor de 10.000 toneladas de CO2.

En conclusión, la obsolescencia programada es un mal que aqueja a la sociedad y daña al ambiente. Entonces es necesario un cambio en la filosofía del diseño industrial. Se podría promover más el ecodiseño, es decir, el buscar alargar la vida útil de un producto y facilitar su reparación. Además de incentivar un consumo más consciente por parte de los consumidores, donde escojan productos que serán usados en el largo plazo y exijan una producción sostenible con el ambiente.

Bibliografía:

Aldama, Zigor. 2020. “Las energías renovables y las tecnologías digitales no son tan verdes”. Retina. Recuperado de (https://retina.elpais.com/retina/2020/02/14/innovacion/1581675324_297883.html).

Anón. 2019. UN report: Time to seize opportunity, tackle challenge of e-waste. Davos, Suiza.

Dannoritzer, C. (Dirección). (2010). Comprar, tirar, comprar – La historia secreta de la obsolescencia programada [Película].

Bejarano, Pablo. 2020. “Los tres mordiscos de la obsolescencia programada al medioambiente | Tendencias | EL PAÍS Retina”. Retina. Recuperado de (https://retina.elpais.com/retina/2020/03/09/tendencias/1583740212_343832.html).

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