Cae el telón para Trump

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El bienestar económico puede hacer mucho, hasta milagros, pero, al igual que Perú entre el 2005 y el 2012, no implica una sólida base democrática ni mucho menos cultural.

Escribe: David Cuenca


Siendo más temprano que tarde el cambio de mando en la Casa Blanca, el presidente Trump no tuvo más remedio que orquestar su última gran rabieta, la cual viene siendo envalentonada desde prácticamente el inicio de su periodo. Pero, ¿por qué? Quizá sea por el potencial juicio político que de todas formas enfrentaría eventualmente o quizá sea la ansiedad producto de las investigaciones sobre el misterioso devenir de su fortuna que mágicamente no se redujo tributariamente. De cualquier forma, la realidad es una: Estados Unidos involucionó, política y culturalmente, en alguno de sus vecinos del sur.

Como ya todos saben, el sector más radical del partido republicano creía firmemente que los demócratas le habían robado las elecciones a su líder y encima de manera escandalosa. No podían faltar tampoco los libertarios protrump argentinos, como Laje o Milei, que públicamente tiraban el mismo cable. Incluso alimentaron el clamor de la derecha conservadora hispanohablante mediante calumnias a dichas elecciones con el cuento del fraude del voto por correo o los supuestos muertos votantes demócratas.

Aunque todo esto se haya vociferado en todo Occidente, el partido sabía muy bien la verdad de lo que pasó. ¿Cómo sabemos eso? Sencillamente por las denuncias formales que finalmente ejecutaron. Todas fueron desestimadas por no tener evidencia contundente, dicho sea de paso. Contrariamente a la visión edénica que se tenía en el siglo pasado, Estados Unidos podrá ser un país rico en capital, oportunidades, poder y bienestar; pero en términos de nivel cultural no parece estar en la misma posición.

A todo este coctel de hechos y acciones se sumó el mismo Trump llamando a sus seguidores a ir al Capitolio, dizque pacíficamente, para hacerle una visita al “traidor” Pence, su vicepresidente, el cual sí acató lo dicho por el colegio electoral. Pence parece ya haber estado harto de Trump que, según New York Times, estos ya no tenían más una relación estable ni mucho menos. Tanto es así que al segundo jefe de Estado se le excluía de muchas reuniones adrede y se le presionó repetidas veces para “ser un patriota” y seguir con el plan de su jefe. Finalmente, Pence respetó la Constitución y logró derribar el muro de miedo que le había construido Trump. 

El día llegó y Pence tuvo que ser escoltado al sótano por su equipo, mientras la seguridad se veía fuertemente sobrepasada por la turba de patriotas hambrientos de libertad y llenos de convicción para defender la democracia de América. Su plan para este acto tan patriótico fue entrar, robar, romper y hacer alboroto (de repente no en ese orden), como siempre los gringos copiando a los británicos hasta en lo bárbaro; aunque los primeros para hacerlo más original fueron con disfraces (atuendos si prefieres) para la ocasión. 

Luego de que ni siquiera un sector importante de los republicanos tomara a bien este vandalismo, salió Trump a decirles básicamente: “muchas gracias preciosos por su valentía, pero ni modo hay que respetar la democracia, ahora sean buenos niños y vayan a casa con mamá, los quiero”. Afortunadamente se reestableció la “ley y el orden”, por lo que se comenzó a buscar a culpables. Obviamente Trump, como no podía ser de otra forma, también los estaba buscando. Diga lo que diga el expresidente, si alimentas constantemente a fanáticos o incluso a la alt-right, algo igual o parecido iba a suceder sin más remedio. Dentro de poco veremos si efectivamente el presidente Trump pagará, contrariamente a sus impuestos, por su inepta vehemencia. 

Comentario extra: 

Mucho se ha tocado sobre el supuesto trato privilegiado que recibieron los manifestantes al entrar al Capitolio por el mero hecho de ser “blancos”. Esto, opino, no es ni cierto ni falso. Mejor dicho, no es ni negro ni blanco nunca. Cuando hubo protestas altamente vandálicas en plena pandemia en nombre de BLM se rompieron cosas, saquearon y quemaron tiendas y, por supuesto, incluso una estación de policías y otros vandalismos menores. El trato mediático, político y cultural que recibió fue sumamente angelical. Si este trato se justifica o no, no es tema de este artículo; sin embargo, la verdad no deja de ser algo objetivo que no se puede obviar por más conveniente que sea.

Fuentes: 

Trump animando a sus angelitos a ir al capitolio: https://www.youtube.com/watch?v=lBH7ql34Ex0 

New York Times sobre Pence: https://www.nytimes.com/es/2021/01/13/espanol/pence-trump-distanciamiento.html  

La estafa masiva de las elecciones, según Trump: https://time.com/5914377/donald-trump-no-evidence-fraud/ 

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