El after de las marchas nacionales: ¿Qué hacemos ahora?

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Luego del despertar de la “Generación de Bicentenario” es necesario repensar y asumir el largo camino que nos queda por recorrer como ciudadanos responsables y verdaderamente preocupados por el futuro de nuestro país. Boceto de cuenta cómo en la siguiente nota.

Escribe: Lyssete Bueno

Durante la segunda semana del mes de noviembre, fuimos partícipes y testigos del gran esfuerzo colectivo que hacía un llamado a la democracia, a la justicia y al respeto a las instituciones. Ocurrieron diversas movilizaciones a nivel nacional, se viralizaron formas de protesta desde casa, se armaron grupos de apoyo para los marchantes, se realizaron reportajes en vivo desde decenas de puntos del país, circularon una serie de alertas sobre potenciales vulneraciones a los derechos humanos, se denunciaron agravios a organismos como la SUNEDU y el Tribunal Constitucional, y más.

Nos llamaron la Generación del Bicentenario, se denominó héroes a Inti Sotelo y Bryan Pintado, y cantamos victoria del día domingo hasta el martes. Pero, lamentablemente, la euforia irá desapareciendo poco a poco. Las cosas volverán a la normalidad, la situación política y económica se estabilizarán y las responsabilidades de la universidad y/o el trabajo volverán a ser prioridad. Queríamos de vuelta la tranquilidad y, eventualmente, la tendremos. ¿Y luego qué?

No es la primera vez que los jóvenes se involucran en política. En las elecciones del 2011, cuando Pedro Pablo Kuczynski postulaba a la presidencia de la república una gran cantidad de jóvenes apoyaron su candidatura. Aparecieron los denominados “ppkausas”, jóvenes que formaban parte de grupos como “Juventudes PPK” o “Generación Joven PPK”. Se hablaba de un nuevo despertar político de la juventud peruana. Pero, pasadas las elecciones del 2011 y consecuente derrota de Kuczynski, la gran mayoría retornó a una hibernación política. Las elecciones del 2016 llamaron una vez más a los jóvenes a involucrarse en el proceso democrático.

Tanto PPK como el Partido Morado tuvieron altos niveles de aceptación en los jóvenes universitarios, pero no se mantuvo una participación constante después del triunfo de PPK. No solo son los jóvenes, de hecho existe una clara aversión a la política en nuestro país. No es común conocer a un militante de un partido. Nos limitamos a hablar de política cuando una noticia o suceso se vuelve lo suficientemente popular o “infame”. Ignoramos mucho de lo que ocurre en el Congreso, el Ejecutivo y el Poder Judicial, y quedamos atentos solo a los productos que estos generan. Fue interesante cuando, durante los primeros meses de pandemia, empezamos a opinar de las nuevas normas y restricciones anunciadas en las transmisiones del entonces presidente Vizcarra.

Estos últimos meses aprendimos bastante de política y de forma muy rápida. Muchas personas, incluyéndome, no entendíamos por completo cómo funcionaban ciertos procesos como la vacancia, la elección del Tribunal Constitucional o la creación de una nueva ley. Desconocíamos también en qué se sostenía nuestro derecho de protesta y, de ser detenidos, cuáles eran nuestros derechos. Abundaron posts de Instagram, videos en Tiktok, hilos en Twitter y hasta podcasts que nos explicaban de manera simple qué estaba ocurriendo y qué podía ocurrir. Mostramos un gran nivel de organización sin necesidad de liderazgos centrales. Pero, ahora que los motivos por los que marchamos se diluyen en diferentes reclamos, ¿cuál se supone que sea el siguiente paso para no perder lo ganado?

En primer lugar, creo que lo más importante es mantenernos informados de lo que ocurre en nuestro país. Hoy existen mini-noticieros en prácticamente todas las redes sociales. Muchos periodistas también comparten información verificada en sus cuentas personales en Twitter. Por último, tenemos los medios tradicionales de prensa escrita y televisiva que comparten noticias constantemente. También, es importante que nos informemos de forma responsable. Debemos analizar la información recibida y verificar su veracidad. Son frecuentes las noticias, videos o fotos tendenciosas que reportan “primicias” falsas o inexactas, y podemos caer en la desinformación al difundirlas sin confirmarlas.

En segundo lugar, considero que es importante que sigamos haciendo llegar nuestras preocupaciones y reclamos a nuestras autoridades. Las redes sociales son un medio importante para hacer llegar nuestras opiniones. Hoy en día, casi todos los organismos del Estado y líderes de estos tienen cuentas verificadas en Internet, especialmente en Twitter. En específico, algunos congresistas las utilizan para comunicar cómo votarán, los presidentes regionales y alcaldes comentan sobre sus proyectos y el ahora expresidente Vizcarra la utilizaba para dar mensajes respecto a ciertos eventos en el país. Aparte de esto también están las cuentas de organismos internacionales y nacionales que defienden valores democráticos, los derechos humanos y/o otras iniciativas multilaterales como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos (CNDDHH), la Organización de Estados Americanos (OEA), el Programa de las Naciones Unidas para el medio ambiente (PNUD), entre otras. Estas pueden jugar un rol importante para otorgar legitimidad a los reclamos de la población.

Finalmente, cabe reflexionar e informarnos para realizar un voto responsables en las próximas y siguientes elecciones. Suena bastante cliché decir esto, y se ha repetido hasta más no poder en las últimas semanas. Varios opinan de que de haber votado “bien” no hubiéramos tenido una crisis política. No creo que sea completamente cierto, dado que muchos no siguieron el lineamiento de su partido o del líder de este. Vimos como en la noche del 16 de noviembre más de un congresista votó de forma opuesta a lo comunicado. No es solo una cuestión de votar por personas correctas, sino de votar por partidos fortalecidos capaces de alinear sus metas y objetivos.

Por ello, no debemos olvidar qué partidos no supieron respetar sus propios principios como lo hicieron Acción Popular, Alianza por el Progreso, Fuerza Popular, FREPAP, Unión por el Perú, Podemos Perú, Somos Perú y Frente Amplio. Tampoco olvidemos los nombres de los congresistas que votaron a favor, dado que en un futuro pueden postular con un partido diferente. Asimismo, si es que nos sentimos insatisfechos con cómo un congresista de nuestra región actúa, es importante hacérselo llegar, por ejemplos, por redes sociales. 

Cayó el gobierno ilegítimo de Merino y ahora tenemos un horizonte más esperanzador. Pero para que no perdamos el rumbo nuevamente, es necesario que no perdamos el espíritu de querer siempre lo mejor para nuestro país y su gente. Informarnos, dar nuestra opinión y participar responsablemente en las votaciones son tareas que no debemos olvidar ahora ni nunca. Esperemos que no sean necesarias nuevamente marchas como las de este mes para proteger a nuestro país. Pero estoy segura que de ser necesario, volveremos a inundar las calles, las redes y todo cuanto sea necesario. Por ahí oí a algunos compañeros decir que esto les motivó a incursionar en política y en el sector público. Bienvenidos sean si fue así, pero los demás no podemos olvidarnos que, para cualquier cosa que deseemos hacer en el país, necesitamos estabilidad ante todo. Los dejo con mi frase favorita de Vallejo: “Hay, hermanos, muchísimo que hacer”.

 

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