El medio, el maldito medio

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Los de izquierda esto, los de derecha lo otro, los progres son unos revoltosos, los conservadores son unos dinosaurios y los de centro ¡ay no! esos tibios que no ponen la cara y, encima, son oportunistas, porque en el fondo no tienen una postura, ¡ay los tibios! Mejor nos vamos al sol que más calienta… sí, es lo mejor…

Mucho escándalo del porqué Bolsonaro o Trump ganaron en sus respectivos países o, más cerca de nosotros, del porqué Rafael López Aliaga tuvo tantos votos y estuvo a un pelo de rana calva de pasar a segunda vuelta con Pedro Castillo. Y si habláramos del escándalo porque Pedro Castillo pasó a segunda vuelta; “si es un tal por cual” y el líder de su partido, Vladimir Cerrón, es un corrupto. Mucho escándalo también por Verónika Mendoza y su cuestionable plan de gobierno, a pesar de que es mucho más moderado que el de Castillo. Mucho escándalo por el apoyo a Hernando De Soto, el cual podríamos decir que análogamente es a López Aliaga, lo que Mendoza a Castillo: opciones mucho más moderadas; sin embargo, opciones que quedaron en ilusiones de la primera vuelta. Por último, mucho escándalo por la otra candidata para la segunda vuelta que también tiene un fuerte sesgo conservador del cual ha hecho espada para su campaña. Keiko Fujimori apoyó abiertamente al colectivo Con Mis Hijos No Te Metas, movimiento social conservador creado por Christian Rosas, e hizo públicas sus alianzas con diferentes pastores evangélicos ultraconservadores. Más allá de que el Perú está relativamente condenado hasta el 2026, si es que no es hasta el tricentenario, vale la pena reflexionar sobre esta polarización tan fuerte y de terror que viene absorbiendo al mundo. 

Para iniciar esta rápida reflexión es importante empezar por algunas certezas, si es que aún quedan algunas. La primera es que el mundo, actualmente, es más complicado, y por bastante, de lo que jamás lo fue. Las cientos de culturas alrededor del mundo se han desarrollado increíblemente y, a priori, no habría ningún problema con eso, todo lo contrario. El dilema se da porque estas culturas o cosmovisiones se han desarrollado en un ámbito de ideas. ¿Qué sucede cuando las ideas se desarrollan? Se hacen menos ambiguas; por lo tanto, más específicas y con menos matices o, en ocasiones, con menos escalas de grises. Al eliminarse dicha oscuridad en las ideas, es que su conjunto, que forman una cultura o cosmovisión, marca más los límites con sus semejantes. 

Esto podemos verlo en posturas sumamente marcadas, redundantemente, o tajantes como estar a favor del aborto en cualquier situación o no incluir, en lo absoluto, la perspectiva de género en el currículo escolar. Ahora bien, dicho esto, ¿por qué parece que estas ideas tan desarrolladas y contundentes tienen acogida? Para responder a la pregunta quisiera tomar uno de los puntos de vista que Yuval Noah Harari plasmó en su libro 21 lecciones para el siglo XXI, esta opinión se basa en que el mundo se ha vuelto excesivamente complicado, como mencionamos líneas arriba, y, por lo tanto, imposible de entender en su totalidad para seres tan limitados como nosotros. Es aquí donde Harari continúa y afirma que esta es una de las principales razones por las que las teorías de conspiración tienen tanto éxito: simplifican el mundo de manera bestial y efectiva. 

Esta reducción no solo se puede dar metiendo a Soros y Bill Gates, sino también a través de discursos dicotómicos o absolutos. Oprimido y opresor, burgueses egoístas que explotan al trabajador y proletarios víctimas del mundo, sumamente virtuosos. Libertad absoluta y la ayuda de la mano invisible del libre mercado que permita hacer a todo el mundo lo que quiera con tal que no hagan daño al resto, y menosprecio total al Estado y a su rol en el país. Idealismo religioso atemorizante que condena toda aquella cosa que su Dios “rechace” de alguna forma, sin tener en cuenta ninguna secuencia de pensamiento lógico más que la ley de Jehová. 

 Estos ejemplos son sumamente conocidos y probablemente los más imperantes hoy en día. Por eso es por lo que López Aliaga y Castillo tuvieron tanto éxito: son muy poco impredecibles. Es decir, sabes lo que piensan sin casi ninguna ambigüedad y, por ende, conoces por donde irían los tiros en un eventual gobierno de cualquiera, te puedes sentir seguro con ellos de alguna forma. Puede que sea obvio, pero es sumamente profundo porque parece ser que en un mundo cada vez más complicado, las personas encuentran más calor en la falta de incertidumbre total o en lo más cercano a algo que no cuestione sus creencias. Un votante de Mendoza, por ejemplo, podríamos decir que suele ser una persona a favor de los derechos LGBT y con una fuerte convicción por mejorar la situación para los más pobres, es por ello que no importa tanto si las propuestas de la candidata son cuestionadas, importa que el perfil de esta se asemeja mucho al adepto (ahí la representatividad). Sin embargo, alguien que desea votar por un plan económico diferente, digamos el de De Soto o Keiko, pero también desea promover leyes de igualdad, no encontrará un candidato “idóneo” o totalmente representativo.

Aquí es cuando uno no solo se ve obligado a hacer una escala de prioridades, sino también a pegarse más a uno de los extremos ante la falta de opciones. Lo curioso es que cuando te acercas a un extremo, automáticamente te encasillan totalmente en él, ignorando que un ser humano tiene múltiples dimensiones y que, por ende, puede tener opiniones particulares. Si estás a favor de la adopción homoparental, te dicen “feminazi”, si estás en contra de más y más intervención del Estado, te tildan de egoísta sin valores y empatía que solo goza de su privilegio. Si criticas a una persona progresista, los conservadores te alientan y si lo haces a una persona conservadora, los progresistas te aplauden. Estar en esta situación de “un poco de cada extremo” nunca fue tan difícil, nunca fue tan exigente, ni demandante social y emocionalmente. Sin embargo, en medio de esta polarización que amenaza con dividirnos más e incrementar la tensión social, es más necesario que nunca tener personas que puedan proponer una tercera vía: una vía conciliadora. 

En la actualidad, no puede ser más trascendental tener personas que puedan, al menos, intentar día a día hacer un esfuerzo por entender a ambas partes para así forjar una opción alternativa. No te escondas nunca por tener opiniones particulares o tener un poco de esto y un poco de aquello, es en la diversidad donde están las respuestas para lo que viene más adelante en el mundo.