El comienzo del fin: adiós a las clases virtuales

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Cuando comenzaron las clases virtuales, no veíamos el momento para volver a la normalidad. Ahora que estamos por regresar a las clases presenciales, no estamos seguros de si estamos listos para retornar. Dejamos de lado un montón de hábitos y creamos otros que probablemente no se adapten al estilo de vida que algunas vez tuvimos, pero por dentro seguimos esperando que todo sea como en los viejos tiempos. Y tú, ¿estás listo para decirle adiós a las clases virtuales? 

Escribe: Gabriela Ramírez


Recién hace unos días caí en cuenta de que la semana pasada tuvimos los últimos parciales de manera virtual. Claro, a excepción de los cachimbos y de algunos alumnos de cursos de cursos avanzados como Estadística Aplicada y Micro II quienes dieron su primer parcial presencial, siendo la primera vez para unos y como en los viejos tiempos para otros. Es increíble que, luego de tanto tiempo, volvamos a un estilo de vida que parece que ocurrió hace mucho tiempo. La rutina que yo llamo “CEACE” por cama-escritorio-almuerzo-cama-escritorio, es algo de lo que no nos vamos a poder desligar tan fácilmente y la fuente de inspiración para muchos memes el siguiente ciclo.

Muchas veces me pregunto: ¿cómo hacíamos para llegar a las clases de las 7:30 de la mañana? En estos momentos, una clase a esa hora es con alarma a las 7:20 para lavarse la cara y estar sentado justo para cuando comience (y eso, pues cuando la cama sigue haciendo ojitos, lo más probable es que no llegues al escritorio). En el peor de los casos, te quedas dormido, pero sabes que hay una grabación que se va a agregar a la larga lista de grabaciones pendientes del semestre, preparadas para ser parte de la única maratón que verás para la época de parciales o finales. Sin embargo, próximamente la alarma volverá a sonar alrededor de las 6 o 6:30 am para arreglarse, tomar algún mini desayuno y alcanzar el micro con las justas (y lo más probable es que estén parados, por ser hora punta). Y si no llegas, pues ruegas que alguien pueda pasarte los apuntes.

Ni hablar de la preparación para los exámenes. La dinámica hoy en día es ponerse al día con 8 semanas de clase en un par de noches, la velocidad de la reproducción del vídeo en x1.5 (los más apurados, se aventuran con un x2) y tomando nota de todo lo importante que el/la docente menciona, con la oportunidad de repetirlo las veces que uno quiera. La otra manera es estar más atento en clase y anotar en un documento en blanco las ideas más importantes, conforme el/la profesor/a va explicando, de forma que al juntar todas las anotaciones se tiene un resumen de cada tema, sin necesidad de sufrir con grabaciones pendientes. Este es el método más responsable y el que todos deberíamos seguir, pero digamos que son detalles.


Por otro lado, nuestra faceta
multitasking puede quedar en el olvido. La virtualidad, de alguna  manera, nos ahorraba un par de horas al día para poder dedicarle más tiempo a otras actividades como el gimnasio, un deporte, maratones de series o películas, y algún otro hobbie en particular al cual no podíamos dedicarle mucho tiempo antes debido a la vida universitaria. Peor aún si realizabas una práctica pre-profesional, pues la combinación chamba más universidad es difícil de sobrellevar. Ya el nivel experto es estar, aparte de todo lo demás, en organizaciones estudiantiles o voluntariados, bastante enriquecedores, pero que requieren un tiempo considerable para poder desenvolvernos bien.

Sin embargo, si vemos la otra cara de la moneda, vamos a volver a esa vida en la que (tal vez) éramos más felices y no lo sabíamos. Las clases presenciales pueden parecer más pesadas luego de estos años frente a una computadora, pero las experiencias que generamos en todo ese transcurso de ir a la universidad, tomar las clases, estar con nuestros amigos, salir y conversar, llorar y celebrar, hacer actividades juntos, entre otras cosas, no tiene un punto de comparación. El campus puede volverse un segundo hogar para muchos; es por ello que el primer día presencial luego de dos años se sintió como si hubiera pasado una eternidad, muy nostálgico. Para aquellos que ya habían tenido la oportunidad de tomar clases regularmente, la sensación de ese primer día fue muy parecida a la del primer día de clases (fuimos cachimbos de nuevo por un momento), pues era extraño volver a visitar lugares que parecía no íbamos a volver a ver por más tiempo.

Le decimos adiós a una etapa muy dura para entrar a otra etapa que sigue siendo dura, aunque más provechosa. Una en la que vamos a seguir pasando momentos complicados, pero también momentos hermosos al lado de nuestros amigos más cercanos y de nuestros docentes. Una etapa que no debimos haber perdido nunca y que, poco a poco, vamos recuperando. Es el comienzo del fin de las clases virtuales y el regreso absoluto de las clases presenciales.