Fast Fashion: no es lo que esperabas

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Cristina Castro

​​Llegó el cambio de estación y debido al aumento de la temperatura muchos solemos renovar el closet en esta época, lo cual es normal debido a que de vez en cuando necesitamos un cambio. No obstante, nada mejor que tomar decisiones informadas respecto a lo que compraremos; aquí te contamos sobre algunas prácticas de la industria de la moda que pueden ser útiles al momento de tus compras.

Actualmente existe un fenómeno llamado “Fast fashion”, que consiste en tratar a la moda como un bien temporal y descartable. Las prendas de vestir han pasado por una reducción de sus precios, hoy en día se pueden conseguir prendas baratísimas en cualquier centro comercial; además, existen ofertas casi permanentemente que te motivan a comprar más seguido. Existen cuatro temporadas anuales que coinciden con las estaciones del año pero, al mismo tiempo, ingresan constantemente a los aparadores comerciales nuevas prendas que ayudan a mantener el interés por los nuevos productos en el mercado.
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​​Al necesitar producir más se necesita más algodón y debido a que naturalmente la planta no tiene un desarrollo tan veloz, se alteran genéticamente las semillas para que el algodón madure más rápido. Este producto tiene gran cantidad de químicos de los cuales muchos son dañinos para el ser humano, se ha detectado que el cáncer y otras enfermedades han aumentado entre los agricultores algodoneros y las personas que viven en la zona desde que se siembra algodón transgénico. En cuanto al consumidor, el usar continuamente prendas producidas con este algodón puede aumentar el riesgo de alergias y sensibilidad en la piel.

​​Algunas empresas, por buscar economías de escala y poder vender las prendas a precios más bajos encuentran mano de obra barata en países pobres. Los cuales no objetan esa situación porque si lo hacen habrá otro país donde la empresa pueda confeccionar sus prendas a menor precio. Además, los mismos trabajadores deciden ingresar a las fábricas porque en algunos casos es la mejor opción que tienen dentro del contexto social en el que se encuentran, en donde existen trabajos aún más riesgosos  o peor pagados. Eso causa que, debido a que ellos eligen trabajar, las empresas se defiendan diciendo que esa modalidad no es explotación. Adicionalmente, las empresas no contratan directamente a esos trabajadores sino subcontratan mediante diversas fábricas textiles locales. 
Otro punto a resaltar es que las prendas que ya no se usan mayormente son desechadas o donadas. Sin embargo, muchas veces, y pese a que la mayoría dona con las mejores intenciones, por estar en mal estado son desechadas o incluso revendidas. Estos desperdicios contribuyen al deterioro del medio ambiente.

 Por último, este artículo ha sido escrito para invitarnos a pensar antes de comprar y convertirnos en consumidores responsables, adquirir lo necesario y sobretodo investigar a las marcas que consumimos para pagar el precio real de lo que vestimos y no dejar que otras personas lo paguen por nosotros. Existe un documental en Netflix, “The true cost” donde se explica ampliamente este tema para quienes estén interesados.

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