Gritos de auxilio en la jungla de cemento

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Willy Mak

¿Alguna vez te has cuestionado si serias capaz de golpear a alguien por dinero? ¡FELICIDADES!, ya lo has hecho.


“Cuando la violencia se normaliza, no importa que tanto grites;la mayoría se cuestionará tu dolor y pocos te escucharán.“ – El niño

Lamento escribir esto, pero el Perú es un país de abusadores. Nos hemos acostumbrado a imponer nuestra fuerza sobre los más débiles y aprovecharnos de los más bondadosos, porque percibimos la necesidad de ser el más astuto y poderoso para triunfar. Esta historia de violencia es el más normalizado y no se trata sobre las mujeres, sino sobre un niño que ha sufrido la tragedia de estar maldito, por ser muy bueno.

Cuando nació, se descubrió que estaba destinado para el éxito; era habilidoso, hermoso y muy querido por todos los pobladores. Por ello, los científicos decidieron preparar un juego macabro en el cual se pagaría 850 soles al ciudadano por cada golpe que le dieran al niño, con el fin de descubrir si eran capaces de destruir el futuro de otra persona por dinero.

Al principio, hubo resistencia en la comunidad, pero los pobres decidieron dar los primeros golpes porque buscaban sobrevivir. El niño sangraba, pero los científicos le juraron que se iba a recuperar y que tenía que ser fuerte porque iba a ser un hombre.

Golpe tras golpe, la avaricia se apoderó de los más necesitados hasta convertirlos en multimillonarios. La sociedad se contaminó de envidia de tal manera que quienes nunca lo habían herido, decidieron formar parte del juego. El niño lloraba, pero los científicos le juraron que todo iba a parar pronto y que todos sus conocidos estaban mejor gracias a él.

Sin embargo, el juego nunca paró. Los pobladores se pusieron creativos con la tortura, porque deseaban divertirse y competían para demostrar quien tenía más dinero. Lentamente los huesos se rompieron, su piel se secó de tanto llorar y la temperatura se elevó por la enfermedad del masoquismo. El niño grito con sus últimas fuerzas, pero pocos lo escucharon mientras que los científicos negaban su malestar.

Triste y desfigurado, solo pataleaba para que dejarán de golpearlo. No obstante, sus conocidos no lo reconocían por su fealdad, simplemente lo veían como una fuente de ingreso fácil. Todos estaban de acuerdo de que era necesario sacrificar el bienestar de la víctima para mantener la vida acomodada que ellos disfrutaban. El abuso se perpetuó, la deformidad lo quebró y lentamente su vida se apagó, arrastrando todo su dolor en quienes lo golpearon. Ahí es cuando se dieron cuenta que el pequeño era la vida misma.

Este pequeño cuento sádico nos explica la situación actual del planeta Tierra. Últimamente nos ha estado gritando sobre su enfermedad a través de la elevadas temperaturas y desastres naturales. Sin embargo, no hemos cambiado nuestros hábitos de consumo, la basura sigue en cada esquina y los recursos son cada vez más escasos.  Por lo tanto, es hora de gritar en esta jungla de cemento, de dejar de usar innecesariamente el ascensor, de consumir solo lo necesario, y de recordar la importancia del medio ambiente. Lamento escribir esto, pero SOMOS VIOLADORES DE LA TIERRA y es hora de enmendarlo.

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