Diarios de un intercambio

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Rocío Medina

Hace un año decidí irme de intercambio a una ciudad, en el norte de Holanda, llamada Groningen. Fueron 7 meses de experiencias inolvidables, probablemente una de las mejores experiencias que he tenido hasta la fecha.

Tomar la decisión de irse de intercambio no es tan fácil como parece. Miles de dudas y temores ante la incertidumbre de cómo será tu vida los próximos meses hacen que te cuestiones si realmente irse de intercambio sea una buena idea. Sin embargo, la sensación de estar expuesto a lo desconocido y el no tener un plan en concreto sobre lo que estarás haciendo en unos meses, son motivos suficientes para tomar la iniciativa y mantener tu posición de ir de intercambio.

Para aquellos que están en el proceso de postular en el programa o aquellos que aún no se animan, tengan por seguro que la experiencia de vivir 5 meses como mínimo por tu cuenta es única. Es un cambio radical para todos nosotros, que vivimos en una sociedad que nos impulsa a planificar todo y a seguir en este círculo vicioso de estudiar y trabajar. Irte de intercambio te da la oportunidad de ponerte a prueba y ver si eres capaz de vivir en un país ajeno y en una cultura totalmente distinta a la peruana.

Se siente como un nuevo inicio, en el que absolutamente todas las decisiones que tomes dependen de ti. En mi opinión, la experiencia del intercambio te ayuda a salir de la burbuja en la que vivimos y cambiar nuestra percepción de las cosas. Nos volvemos más responsables, maduros e independientes. Además, la nueva cultura en la que nos vemos expuestos (en mi caso, la europea) nos fuerza a ser más tolerantes, autosuficientes y no tener estereotipos. Son 5 meses en los que estamos inmersos en una sociedad en la que no tenemos roles marcados que seguir y que se caracteriza por tener una mayor conciencia colectiva. Aquellos que han vivido esta experiencia coincidirán conmigo sobre el hecho de que la persona al inicio del intercambio es totalmente diferente a la persona que regresa.

En este periodo cada uno debe aprovechar el tiempo que tiene para dedicarlo a uno mismo. Hacer cosas que antes, en especial por el poco tiempo que solemos disponer, no éramos capaces de hacerlo. Hacer deporte, montar bicicleta, cocinar, viajar. El intercambio es la oportunidad para empezar a hacer aquello que nos gusta, sea viajar con amigos o sentarnos frente a un público a tocar algún instrumento y cantar.

Finalmente, es evidente la sensación de añoranza hacia mi periodo de intercambio. Las experiencias vividas, las amistades adquiridas y las lecciones ganadas son gratos recuerdos de una época que no se repetirá, pero que han aportado a mi desarrollo individual. Hoy, las responsabilidades que debo afrontar (graduarme, hacer una maestría, etc.) las percibo desde una perspectiva mucho mas amplia. Y ahora, después de haber pasado por todo este periodo de intercambio, de haber dedicado tiempo a mí misma, puedo decir que me siento más motivada para emprender y buscar nuevos retos. Definitivamente, cada uno crea y vive su experiencia de intercambio, pero si en algo coinciden todas es que es indispensable experimentarlo.

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