Rompecabezas

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Todas las relaciones son perfectas los primeros 3 meses. Todo es risas, sonrojos, paseos de la mano. Pero luego de que acaban esos 3 meses te das cuenta que esa persona es mucho más compleja y que ahora deben trabajar juntos en construir un rompecabezas con sus dos juegos de piezas.

Rebobinando un poco, una de las metáforas que más me gusta para explicar nuestro paso por este universo en este mundo en este momento es el de armar un rompecabezas. Todos, a lo largo de nuestras vidas vamos juntando sus piezas y tratando de entender cómo demonios todo encaja dentro de un mismo set porque (bendita sea nuestra existencia) ninguno tiene la caja con la imagen que debemos construir. Vamos armando a ciegas. Por eso, lo más fácil es empezar por las esquinas: la familia, amigos, intereses y hobbies, y trabajo. Conforme pasen los años y vas creciendo, mueves las piezas como mejor se acomoden a ti: pierdes contacto con tus amigos, ya no te interesan las mismas cosas que de niño, descubres otra rama laboral que te gustaría seguir o algún familiar tuyo morirá dejando un vacío que tendrás que llenar de alguna forma. Pero, si todo eso componen las esquinas, ¿cuál es la imagen central?

La sociedad y la presión familiar de que el motivo de tu vida es encontrar el amor: esa persona perfecta que te complemente, la pieza principal y central del rompecabezas de tu vida. Se ha romantizado en extremo el vivieron felices por siempre que los jóvenes viven con miedo a quedarse solos incluso cuando solo tienen 20 años. Todos viven desesperados por empezar a vivir el final de sus vidas que abandonan las que están apenas construyendo por embarcarse en un juego de roles en el que cambias lo que eres por agradar a esa persona. Tiran de lado muchas de las piezas principales e importantes de su rompecabezas para agradarle, cambian y fuerzan piezas que no pertenecen en tu universo por las suyas; pierden su esencia.

El viaje de cada uno es tan distinto en su multidimensionalidad que no se puede reducir nuestro paso por el mundo como una simple y única búsqueda de LA PERSONA que le dé sentido a tu vida. Para algunos pueda serlo, pero para otros aquel eje central, fuente de su felicidad, puede tomar diferentes formas; su pasión puede presentarse de distintas maneras. Al final, el objetivo principal de esta travesía que llevamos con tiempo prestado a la que llamamos vida es encontrar aquello que nos haga realmente felices.

Tal vez algunos digan que es la juventud, la falta de experiencia, la ingenuidad y la prepotencia de ser poseedor del conocimiento absoluto propios de mis años mozos lo que me ciega a reconocer que el verdadero amor es la clave y está ahí afuera para todos y cada uno de nosotros. Tal vez aún no encuentro a esa persona especial que ponga mi mundo de cabeza, por la que sea nada sin ella y todo a su lado, por la que al despertar me sienta agradecida y no pueda creer mi suerte. El problema, verán, no radica en que no crea en su existencia, realmente lo hago y anhelo que llegue a mi vida con la intensidad y sinceridad de una historia meritoria de sonetos y poemas. Más bien, todo termina en no dejar que, en el futuro, caigamos en cuenta de que nos hemos obligado a amar a alguien por el miedo a terminar solos. No quiero que llegue el día en el que me dé cuenta que nuestros rompecabezas tienen imágenes completamente distintas. No quiero cuestionarme: ¿Acepto que el tiempo que pasamos juntos fue un desperdicio o desperdicio el resto de mi vida?

 

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